Australia fue un viento rojo

Phillip Island no dictó una simple victoria. Dictó una dirección. El viento sopló rojo y Ducati no ganó por velocidad bruta, sino por estructura, por profundidad, por esa sensación inquietante de que todo encaja. Bulega no atacó la carrera: la absorbió. Mientras otros buscaban la recta, él encontró el equilibrio. Australia no fue una batalla abierta. Fue un aviso silencioso de que el campeonato, este año, puede tener un color dominante.