Rodar en Circuito – Capítulo 4 – Los nervios nerviosos

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Y llegó el momento. Acaba de terminar el “briefing”, obligado y además pegando bien la oreja para enterarte con pelos y señales de todo y como estás inscrito en el grupo de iniciación eres de los primeros en salir a pista. Antes has preguntado a los chicos que se encargan de montar neumáticos qué presión te recomiendan y tú, obediente, pones la que te indican. También sabes que, como es la primera vez, no has llevado calentadores, por lo que te metes en la cabeza que has de ir con muuuuuucha calma al principio.

Empiezas a escuchar motores encendidos y los nervios aumentan. Ya, no es MotoGP, pero es un momento que llevas esperando toda tu vida hasta este día, hasta este momento. Guantes bien puestos, mono bien cerrado (ay… Quartararo…), casco colocado y cerrado y nos dirijimos a la línea de pit lane. Antes, organización: “Chicos, como Rubén tiene experiencia, vamos a organizarnos; él irá delante enseñando la trazada, el que vaya detrás, cuando pasen dos vueltas, que deje el puesto al siguiente y así sucesivamente durante las dos primeras tandas. Después, ancha es Castilla – Ok, recibido”…

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Jose Luis Ruiz

Bandera verde y salimos. Ya notas desde el principio que todo es diferente. Había caminado por dentro del circuito alguna tarde tras los entrenos en algún campeonato, pero aquí las cosas pasan más rápido… un poquito más rápido… “La moto se mueve rara”, primera reflexión cuando empiezas a rodar. Sin duda, salir con las gomas frías y con una presión más baja de lo normal empieza a dar la cara. Habría agradecido calentadores, pero la cosa era probar sin hacer una inversión brutérrima. Bien, pinta bien, el circuito mola, hace buen día y los compañeros de tanda se portan, sin adelantamientos a cuchillo ni nada por el estílo; yo me tomo las cosas con calma. Al cabo de un par de vueltas… “brrrrooooooaaaaammmmm…”, aquel plan de seguir al que más experiencia tiene se va a hacer puñetas, empiezas a ver cómo el personal te pasa, por la derecha, por la izquierda, falta uno por encima; “¡…cago en la leche!”, nada, pasó lo que tenía que pasar, que íbamos con unas ganas que no se podían aguantar.

A pesar de incrementar el ritmo, te das cuenta de lo difícil que es hacer bien las cosas durante una vuelta completa, en todos los sitios, en cada curva. Pasan la vueltas e intentas obtener referencias sobre puntos de frenada, aceleración y marcha en la que has de ir; no es lo mismo una tetra, que una bi, que una hiper, que una trail asfáltica… cada cual tiene su enjundia. Me limitaba a dar vueltas, pero con la ilusión de un niño pequeño con juguete nuevo. La V2 se comportaba de maravilla, quizás la notaba un poquito blanda de delante, pero nada que no pudiésemos arreglar con un par de vueltas de tornillo. Notas que la respiración y las pulsaciones suben y suben y cómo la adrenalina empieza a fluir. Estás disfrutando muchísimo y la primera tanda se te pasa sin darte cuenta.

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Bandera roja, acaba la tanda y para boxes. Te bajas con una sonrisa de oreja a oreja y empiezas a saludar a los moteros de pegatina; por fin lo hicimos, hemos solventado los primeros minutos dentro de la pista y ha sido brutal. Los comentarios van y vienen “te he visto muy bien, la recta de atrás se hace en un momento, qué pasada Crivillé-Ferrari y la de Sito, y a de Aspar, y…”, así durante minutos, comentando y comentando. Cuando te das cuenta, ya tienes la segunda tanda encima, de nuevo sobre la moto. Esta vez no hay plan y sales las dos primeras vueltas con mucha calma; antes ha funcionado bien y las gomas van mejorando el comportamiento hasta que te sientes cómodo, momento en el que empiezas a apretar. Inevitablemente empiezas a recordar los puntos que fuiste viendo en la primera tanda, ya no te pilla tan por sorpresa y puedes ir mejorando, poco a poco. Es el momento en el que eres consciente de la velocidad y de cómo vas trabajando sobre la moto, lo mucho que el físico trabaja, sin descanso y cómo de rápido van algunos. Te das cuenta de los límites tan enormes que vas poniendo y empiezas a limar.

Me sorprendió mucho la perspectiva, cómo ese eje horizontal que nos marca mentalmente el equilibrio empieza a irse a freír espárragos. Son sensaciones nuevas, puntos de vista distintos, a los que has de acostumbrarte, pero todo con mucho gusto por cómo van apareciendo esas nuevas sensaciones y las vas asimilando. Termina la segunda tanda, te notas un pelín más suelto, bajas y sigues comentando con los colegas. Mientras los de nivel intermedio y rápido van saliendo, reflexionas con los que más se manejan en este tema, te corrigen lo que te han visto y empiezas a ser consciente de lo mucho que te queda por aprender. Te hidratas y ves esas pelotillas en las gomas propias del circuito en tu goma, ¡en tu goma! y vuelves a sonreír de oreja a oreja. A modo de precaución, las dos primeras tandas reconozco que salí con el modo “Sport”, pero en la tercera, ya tenía configurado el modo “Race”; nada que ver. Vaya si cunden los 155 cv de la Panigale V2, empuja como una condenada y el sonido… ¡ay, madre!

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Ya estás perdido, no hay nada como entrar en circuito, el corazón a mil y disfrutando con tu moto con una seguridad que no encontrarás en ningún otro sitio. Vuelves a salir y el disfrute se acrecienta, pues poco a poco has asimilado cómo “se ve el circuito” desde dentro y puedes empezar a fijarte en otras cosas, pues en los primeros minutos te ves abrumado con tantas sensaciones. A medida que das vueltas, el cansancio empieza a aparecer y te das cuenta de dos cosas: la primera, que has de prepararte más físicamente, la segunda, que cualquier piloto profesional tiene un meritazo increíble. Tanto es el esfuerzo que decidí no salir en la cuarta tanda, reservándome un poco para llegar al final del día. Otra cosa importantísima, hidrátate y come algo, pero no te pases, corres el riesgo de sentirte mal y estropear lo que resta de día en el circuito, no es broma.

En las dos últimas tandas disfrutas igualmente, pero de otra manera. Conocía el circuito y me centraba en trazadas y puntos de referencia. Empiezas a arrimarte a los pianos, las trazadas son más fluidas y las frenadas un poco más fuertes. Notas cómo poco a poco te vas acercando a los que más experiencia tenían dentro del nivel en el que ruedas, signo de que has mejorado; ya les aguantas el ritmo y se aprende una barbaridad yendo detrás de alguien que sabe. Conclusión: si puedes contar con un monitor, ni lo dudes, aprenderás antes y mejor, así que la opción cursillo está ahí.

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Jose Luis Ruiz

Descansar es fundamental entre tandas. En mi caso, opté por descansar incluso en la cuarta tanda se muestra fundamental cuando llega el final del día. Hay que recoger, hay que montar las motos en el carro y volver; no es poca cosa. Tenedlo muy en cuenta si tenéis que volver el mismo día de la rodada, acabarás cansado, muy cansado y conducir en esas condiciones se hace difícil y por consiguiente, peligroso. Si puedes, comparte vehículo y os turnáis, o mejor, lleva acompañante que se encargue de esos menesteres, ya sabes, hoy por mí, mañana por ti.

La experiencia en Jerez fue tan buena que decidimos repetir, pero esta vez en Almería, donde se sumó el bueno de Manolo Fernández con su BMW XR 1000. No va mal del todo… (ñias, ñias…), es broma, daba gloria verle con unos Metzeler que había montado para la ocasión. Primera conclusión cuando cambias de circuito: la historia es completamente diferente. La temperatura era distinta, el asfalto también, la orografía, la luz, la anchura, las escapatorias, todo. Vuelta a empezar, calma, paciencia y aprender disfrutando.

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Las conclusiones que sacas cuando entras al circuito son claras, al menos para mí:

1 – Si quieres ir rápido, deja la carretera. Se ve cada cosa cuando sales de ruta que pone los pelos de punta. De verdad, puedes entrar sin poner más pasta que la que pide de forma justa el organizador. De eso se trataba todo esto, ver si es posible entrar con tu moto en una tanda y pasártelo realmente bien. La respuesta es contundente: Sí.

2 – Tómate las cosas con calma. Las prisas no son nada buenas y mira que estamos hablando de entrar a circuito, pero la mejor actitud para afrontar una primera experiencia como esta es tener la sangre fría como para evitar que todo acabe demasiado pronto.

3 – ¿Montar en moto es lo mejor que se puede hacer con los pantalones puestos? Sí.

4 – Los comentarios, las risas, verte en pista con los amigos, pasarles, que te pasen, divertirte, es lo mejor de todo. Al final, los momentos disfrutados y compartidos son los mejores. Gracias Rubén García, Manolo Fernández, David Rodríguez, Toni Rodríguez y Juan Carlos Cascajosa por tanto.

En fin, no sé si esta serie de capítulos os han gustado o no, ayudado o no, aclarado algo o no. Yo me he divertido escribiéndolos, es por esto que escribo en MRN, me gusta hacerlo. Comentad lo que queráis, todas las propuestas, ideas, observaciones, serán bienvenidas. ¡Sed felices y nos vemos en la próxima!

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