¿Y si entramos a rodar en circuito? – Parte 1

Últimamente y para mi sorpresa de dimensiones bíblicas, incluso diría que talmúdicas, han calificado algunas de mis “acciones” como “PRO”. Según la  @RAEinforma,  entre los usos de “PRO” está el de locución adjetiva sobre una persona que “cumple puntualmente sus obligaciones o que se distingue por sus buenas cualidades”. La verdad es que nunca me lo he planteado, solo intento disfrutar con lo que hago y en ese caso así lo hacía, como nunca lo había hecho antes. En lo que se refiere al motociclismo, son muchos años escribiendo, fotografiando y probando modelos de todo pelaje. No sé si eso te lleva a un nivel distinto al de usuario, quizás sí, quizás no, pero no importa, lo que busco siempre es estar cerca de vosotros, de los que leéis, del motero con o sin moto, es lo que me gusta y donde me encuentro bien, conversando, compartiendo experiencias y rutas. Desde siempre he sido bastante solitario, he hecho muchos, muchos kilómetros solo, hasta que das con un grupo con el que realmente coincides en pareceres y empiezas a salir con ellos y claro, era inevitable, entre charla y charla surge el tema: “¿y si entramos en circuito?”… A partir de ahí empiezas a pensar y pensar y te preguntas si irás despendolado a lo Jack Miller, o si irás tieso cual palo campestre que encuentras a traición…

Sea como fuere, cuando uno se adentra en el mundo de la moto las posibilidades de hacerlo son realmente amplias. Motos de enduro, carretera, turismo, deportivas, cross, trial, sport-turismo (casi desaparecidas, salvo excepciones). Sin ir más lejos, en MotoRaceNation el bueno de Manolo Fernández acaba de publicar una entrada sobre la SUPER TWIN CUP 700, una copa que quiere recuperar una filosofía necesaria para el acceso a la competición sin que suponga una ruina en muchos casos. Os lo recomiendo, tanto la lectura como el seguimiento a esta nueva copa de promoción que tiene unos mimbres estupendos.

El caso es que el gusanillo de las dos ruedas te pica y ya estás perdido, te has enganchado, no puedes dejarlo y si lo haces es a la fuerza, porque no has tenido más remedio. En mi caso, desde los 16 años estoy con moto, con algún paréntesis inevitable por cosas de la vida, pero que resolví felizmente con una Suzuki GSF 650 Bandit K8. Anteriormente pasaron por mis manos una Aprilia AF1 125 Europa, Suzuki GSE 500 y Yamaha Fazer 600 S.

Aquella Bandit me devolvió las sensaciones que solo puede aportar una motocicleta y el ciclo motero es ininterrumpido hasta el día de hoy. Tras ella llegaron una Kawasaki Z900 y la que ahora ocupa el espacio en la cochera, una fabulosa Ducati Panigale V2 de 2020, comprada una semana antes de que nos dejaran encerrados en casa por la pandemia.

Como veis, el listado no se corresponde realmente a lo que sería una “evolución ergonómica” en la que la lógica impera sobre otras cuestiones, pasando de motos deportivas a otras más cómodas y tranquilas, sino todo lo contrario. El caso es que era lo que el cuerpo me pedía y lo que mi cabeza demandaba; al menos, una vez en la vida, tener una buena deportiva. Al fin y al cabo, aunque la mayoría lo haga a la inversa, no quiere decir que no se pueda hacer al revés, que haya otras alternativas. Las sorpresas que da la vida pueden ser negativas, que las hay, pero también pueden ser tan positivas que supongan una auténtica revolución en tu vida y cuando llegan hay que agradecerlas y disfrutarlas y por supuesto, no renunciar a ellas por miedo o similar. Esta Panigale V2 me tiene ganado el corazón, llegó casi sin pensarlo, de un día para otro. Pensaba que la Z sería la moto que marcaría mi vida adulta de motero; obviamente conocía esta Panigale, la deseas, pero… ¿va a estar para ti?… Manos a la obra, ánimos de los “moteros de pegatinas”, te envalentonas y ¡zas!, tienes contigo a una preciosidad que hace que todo sea fácil, casi ni te reconoces cuando vas con ella, eres mucho mejor de lo que pensabas. ¿PRO?, no lo sé, pero que me lo paso pipa sí, eso sí ¡y de qué manera! Definitivamente, llegó para quedarse.

Lo que os puedo contar de ella es todo bueno, la parte ciclo es excepcional, se siente realmente ligera, por lo que la maniobrabilidad es excelente y el motor pasa de lo más tranquilo del mundo a un bicilíndrico de casi 1000 cc con mucha, mucha fuerza. Tiene electrónica para aburrir y que ayuda mucho, muchísimo. A mis ojos la estética es preciosa y la posición, para ser la deportiva que es, no es ni mucho menos exigente; las he probado que son realmente potros de tortura, pero esta no es el caso.

Con estos mimbres y acompañado de las mentes pensantes de las que me rodeo, tarde o temprano tenía que ocurrir: “¿y si entramos al circuito y probamos?”. Al principio, esta frase aparecía medio en broma medio en serio, hasta que Rubén García, sí, sí, el fisioterapeuta que nos asesoró sobre las complicaciones que podría tener Marc Márquez y que acertó punto por punto, propuso una fecha concreta y un organizador concreto. El estreno sería en el Circuito de Jerez Ángel Nieto, al que tantísimas veces hemos ido como espectadores y donde me inicié haciendo fotos en el vial.

Probablemente ya habéis entrado en pista, pero es seguro que muchos de vosotros estáis en una situación muy parecida a la mía hasta hace bien poco y puede que, nunca se sabe, todo lo que os cuente os pueda servir de ayuda si finalmente os decidís a entrar. Ese es el objetivo de esta serie de entregas que irán apareciendo cada martes, contar mi propia experiencia desde la perspectiva del usuario de moto que un buen día decide probar en circuito. Por supuesto no tiene por qué ser la mejor, ni la más correcta, solo pretendo que tengáis una visión real de quien lo ha hecho, partiendo de cero, pero cero patatero y que poco a poco va adentrándose en un mundo que… ¡joer, me encanta! Así que si os interesa, cada martes próximo irán apareciendo nuevos capítulos que irán desgranando las satifacciones, planteamientos, curiosidades, sorpresas que le pasan a un motero cuando entra por primera vez a rodar en circuito. ¡No leemos el próximo martes!

P.D.: Nada está escrito, si te gusta, ¡a por ello!

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