El manual del buen macarra

El Campeonato del Mundo de Motociclismo reúne, supuestamente, a los mejores pilotos de motos del mundo. Lo mismo pasa con los técnicos, los jefes de equipo, los fotógrafos, etc. Puesto que hablamos de un deporte de élite es de esperar que quienes integran la familia de MotoGP sean especialmente diestros en su disciplina y así sucede en la mayoría de los casos.

Sin embargo, en el Gran Premio de Doha hemos visto que no pasa lo mismo. El nivel de los macarras que habitan el paddock envueltos en un mono de piel de canguro es más bien de aficionado tirando a malo. Obviamente me refiero a Jack Miller, John McPhee y Jeremy Alcoba. Seguro que en el colegio conociste a unos cuantos macarras –estos siempre se empiezan a forjar en la escuela- y sabes de qué te hablo.

En el manual del buen macarra primera página, capítulo uno, especifica claramente que para tener una buena pelea hay que huir lejos de la fiscalización de los profesores. Ninguna buena tormenta de golpes empezaba sin el consabido -¡Nos vemos a la salida!-. Hasta para ser un macarra de barrio hay que seguir ciertas normas y en el caso de nuestros queridos pilotos deberían tomar buena nota de ello.

En este caso no se trata de huir de la reprimenda de los profesores, léase patrocinadores, organizadores o quien corresponda. Se trata de que mientras se disputa una carrera de motos el riesgo de una lesión y en caso extremo la muerte, siempre sobrevuela el asfalto. Afortunadamente llevamos muchos años de ingentes esfuerzos para disminuir dicho riesgo y se ha logrado un nivel de seguridad impresionante, pero los macarras que no se citan fuera de la pista tiran todo eso por la borda.

Dos pilotos que no abandonan la pista de forma inmediata tras una caída añaden un riesgo innecesario para la seguridad de este deporte. Si otro piloto sufre una caída en ese momento, ellos mismos pueden sufrir graves consecuencias por el impacto o incluso el otro piloto al golpearlos. Es un riesgo inherente a este deporte y por eso se minimiza al máximo siempre que es posible. Exponerse a él para dar patadas y puñetazos a otro piloto es una torpeza estúpida pero cobre todo, innecesaria.

Otra práctica no muy aconsejable –nótese la ironía- es la de impactar contra una moto cuando rueda a 200 km/h. Más allá de la peligrosidad del impacto, hay un riesgo realmente escalofriante de desestabilización que acabe en caída. El problema de una caída en recta es que es muy factible que el piloto no se salga del asfalto, sino que quede dentro de la pista a merced de los pilotos que llegan. No hace falta explicar lo peligroso que es una atropello en esas condiciones ¿verdad?

Por eso, mi petición para estos ‘chulos de la clase’ es que al menos se lean el manual del buen macarra y se citen fuera del asfalto. Si quieren liarse a golpes que lo hagan donde quieran, pero no en la pista mientras hay una carrera en curso. Tal vez se pueda instalar un cuadrilatero en el paddock o una calle de arena con edificios de madera como en el lejano oeste. Que patrocinadores, organizadores y federaciones valoren si este puede ser el nacimiento de una disciplina mixta como los biatletas que esquían y disparan a partes iguales.

Si no cuaja esta última idea, que se citen a la salida como se hacía en el colegio. Si los escrúpulos les impiden exhibirse por el ejemplo que predican ante quienes les siguen, que se peleen en la intimidad de su habitación de hotel. Si van a comportarse como pandilleros, allá ellos y quienes les apoyen o justifiquen. Pero el motociclismo ya es suficientemente peligroso sin que los pilotos se golpeen en la pista. Así que si quieren ser los macarras de la clase, que recuerden que estamos en el Campeonato del Mundo y se les exige un nivel. Que cumplan con el manual de su gremio y al menos se citen fuera de la pista.

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