Yamaha, Viñales: Háganlo por los hijos

A.Farinelli. Yamaha MotoGP

Cuando las heridas están abiertas es difícil ignorar el dolor. Ahora que chorrea el limón sobre las carnes abiertas de Yamaha y Viñales la reconciliación parece imposible. Seguramente lo es, pero todos perdemos si deciden dejarse llevar por los sentimientos y todo se reduce a asestar puñaladas traperas. No es necesario que vuelvan a ser esa pareja enamorada que creyeron ser, pero todos ganamos si impera la cordialidad aunque sea para partir peras.

Maverick Viñales se ha convertido en un grano para Yamaha. Un grano allí donde más duele y además cada vez más infectado. Ha sido un grano tolerado porque la fábrica japonesa le necesitaba. No en vano le ofrecieron el segundo sueldo más alto de la parrilla cuando no había Covid y Ducati amenazó con llevárselo. Cuando tiene todo en su sitio Maverick es inalcanzable y Yamaha no disponía de ningún otro piloto con un potencial semejante.

Todo esto cambió en 2020. Los presupuestos sufrieron por la pandemia y tanto Fabio Quartararo como Franco Morbidelli demostraron que ellos también podían ser inalcanzables cuando el viento soplaba a su favor. Yamaha se libró del lastre en cuanto a resultados que les suponía un Valentino Rossi cada vez menos competitivo y siguieron con la búsqueda de su nuevo Jorge Lorenzo.

Resulta que el 20 tocó la tecla en la consulta de un psicólogo o psicóloga y se ha convertido en el piloto que siempre quiso ser pero que su cerebro nunca permitió que fuese. Psicológicamente estable, Quartararo ha conseguido eliminar de la ecuación aquello que le limitaba como piloto hasta ahora. Ahora asume los malos resultados como parte del juego y sin perder los nervios, lo cual hace que sean menos malos y cada vez más escasos. Esto refuerza más su autoestima y le hace calibrar a la perfección los riesgos a asumir para maximizar el saco de puntos que se lleva tras cada carrera.

Con un Quartararo capaz de ganar la corona, al fin, Viñales pasaba de ser un grano muy molesto para Yamaha a un quiste infectado de dolor insoportable. Si Fabio cada vez tiene el título más encarrilado está claro hacia donde van a ir los esfuerzos de la fábrica. Si Viñales cada vez se siente más agraviado está claro hacia donde van a ir sus críticas. Al fin y al cabo las dos partes tenían un objetivo común; ser Campeones del Mundo. Pero los dos tenían claro a esas alturas que su asociación no les iba a permitir conseguirlo. Llegó la hora de partir peras por interés mutuo.

Eso fue lo que se oficializó en Assen. Aunque quedaba un año de contrato las dos partes preferían no ejecutarlo. Cuando quieres ganar la corona en MotoGP perder un año puede ser la diferencia entre conseguirlo o no, como reza el proverbio mexicano; camarón que se duerme se lo lleva la corriente. Las dos partes salían ganando. Maverick porque se libraba de un entorno que no le permitía explotar su potencial y Yamaha porque se zafaba de un piloto que no les iba a hacer campeones… y que les costaba una pasta.

Hasta que llegó el Gran Premio de Estiria. En vez de tener dos actores felices de haber solventado su futuro de forma ventajosa nos encontramos con dos partes dolidas, rencorosas, despechadas. Mientras las cosas fueron bien, hasta la segunda salida en carrera nadie prestó atención a la gasolina derramada. Cuando las cosas se torcieron con la segunda resalida, las chispas desencadenaron la explosión y el posterior incendio. Las dos partes se sentían tan agraviadas que no pudieron ver otra cosa que la gota que colmaba el vaso.

El vaso de Mack se colmó aún encima de la moto al ver por enésima vez como pudiendo optar a lo mejor se tenía que conformar con lo peor. Descargó su rabia con la moto, cegado por la frustración y la impotencia. Yamaha vio la oportunidad perfecta para acudir al cirujano. Ahora que Quartararo hacía las veces de antibiótico podrían haber esperado hasta final de año a que el grano que se les había infectado hubiese desaparecido. Con la telemetría y las imágenes de Viñales como analgésico decidieron amputarlo quirúrgicamente sin dolor.

En todo momento he intentado huir del manido ejemplo del matrimonio, pero he sucumbido a la tentación para hablar de los hijos. El divorcio ya estaba consumado. No sé si se acabó el amor o lo encontraron en otra parte, pero ya habían acordado separarse a final de temporada. Si el despecho no les permite llegar hasta entonces sin tirarse los trastos a la cabeza que lo hagan antes, pero el camino de las puñaladas traperas no beneficia a nadie. Para ellos pueden ser falsamente placenteras pero solo crean dolor para todos. Háganlo por los hijos, que este matrimonio los tiene.

Los hijos de esta pareja son muchos. Son los que compran camisetas de Yamaha o gorras con el 12 bordado. Son los chavales que compiten en un campeonato regional y sueñan algún día poder ser como Maverick Viñales o pilotos oficiales de Yamaha. Son los aficionados que cada mes renuncian a pellizquito de su sueldo para poder ver en la televisión a Yamaha o a Viñales. Son tantas personas que conducen un camión, están 12 horas al sol moviendo banderas o pasan medio año lejos de su familia para que Maverick o Yamaha puedan competir.

Tienen ustedes muchos hijos. Si no pueden seguir juntos sepárense, ningún reproche al respecto. Todos entendemos que cuando nos sentimos dolidos es difícil no responder a los sentimiento más primarios. Pero dejen de pensar solamente en ustedes y piensen en todos los hijos que su matrimonio ha creado. No les pedimos que firmen la paz pero sí que entierren el hacha de guerra. Sean profesionales, mantengan un mínimo de cordialidad y dejen las puñaladas traperas en el cajón. Sabemos que no es lo que quieren, pero por favor, háganlo por los hijos.

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