A vueltas con el futuro

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En el último programa de MotoRaceNation (que puedes escuchar aquí) hablamos sobre lo que significa la salida de Suzuki de MotoGP™, según la propia marca debido a motivos de evolución de la movilidad hacia combustibles no fósiles. Si valoramos conjuntamente a esa renuncia el papel de Yamaha y de Honda, podemos llegar a la conclusión de un cierto desinterés de las marcas japonesas.

No solo esas tres marcas, sino que Kawasaki ya perdió el apetito por los prototipos. En cierto modo debido a que en Superbikes pueden desarrollar sus motos para evolucionar sus modelos de calle, sin tener que recurrir a los elevadísimos costes de MotoGP™.

Según Marc Márquez y su entorno, en Honda hay un problema claro con la definición del proyecto. En otras palabras, no tienen claro por qué apostar en su desarrollo, quizá se deba a un problema de ingeniería más que concepción, aunque es difícil de creer sabiendo que HRC se diluyó en HRG (Honda Racing Global).

Fabio Quartararo anuncia que Yamaha está yendo sin frenos y cuesta abajo, cuando reconocía a Manuel Pecino que la mejor moto que tuvo era la 2019. Afirmó que la moto ha perdido su proverbial manejabilidad y que se ha convertido en una moto muy física. Algo que Cal Crutchlow confirmó, además de decir que el de 2023 no es un buen plan.

¿Cuál podría ser el motivo de que las cuatro fábricas históricas japonesas estén perdiendo el apetito o el interés por el campeonato del mundo de velocidad? La respuesta es, obviamente, el dinero.

Lo que no es tan obvio son los diferentes aspectos que llevan a las fábricas a preocuparse por el ‘maldito parné’, si bien todos esos aspectos se derivan de aquello a lo que más puede temer el dinero y que no es otra cosa que el futuro. Pero no estamos mirando al futuro de MotoGP™, exclusivamente.

Se trata de entender cuál es el Futuro, en mayúsculas, de la propulsión de vehículos. Ahí hay pocas cosas claras, a excepción de que el combustible fósil es enemigo de ese Futuro y que, en consecuencia, dejará de formar parte de él.

Las alternativas principales que se dibujan son la impulsión eléctrica, la pila de hidrógeno y los combustibles sintéticos.

El rendimiento de la impulsión eléctrica y el de la pila de hidrógeno sería similar, ya que el primero se carga de energía eléctrica y el segundo genera la electricidad a partir de hidrógeno.

Imaginemos un mundo con motores eléctricos que se deban cargar con electricidad generada. Viendo el número de vehículos en todo el planeta parece imposible generar esa cantidad de energía, y más haciéndolo de forma sostenida en el tiempo y sostenible para el medioambiente. Con los parámetros actuales se contaminaría más que quedándonos como estamos, además de que grandes partes de la población mundial se verían excluidas de la locomoción.

Las alternativas razonables son, por tanto, la pila de hidrógeno y el combustible sintético. ¿Cuál de las dos opciones se impondría en ese Futuro? Asistiendo a la teoría de la navaja de Ockham debería ser el combustible sintético, pero aún así no hay nada cierto. Entonces, ¿para qué gastar millones en desarrollar tecnología que no se va a amortizar?

Parece claro que si el mercado no sabe cuál va a ser el futuro tampoco lo puede saber el Campeonato, lo que podría en realidad convertirse en una oportunidad. Si el organizador abriese el reglamento técnico transformaría MotoGP™, y si dejase a cada fabricante hacer su apuesta incluso podría atraer a más marcas para experimentar y exponerse como mejor opción de Futuro.

Hace unos años me comentaba un técnico que había que dejar que cada cual hiciese aquello que sabe hacer, y no encerrar a todas las fábricas en las mismas soluciones a las que se puede llegar con un marco de trabajo cerrado. En este caso el planteamiento sería dejar que cada fábrica apostase por el futuro en que creyese.

Dorna tendría que hacer un reglamento que acercase al máximo las prestaciones, tal y como se hace en las tres clases del Campeonato de Superbikes, para que hubiese competencia y se mantuviese el espectáculo de las carreras; además del espectáculo de ver competir entre sí a las diferentes tecnologías.

Esta competencia ayudaría a revivir el interés en el campeonato, por innovador y por querer liderar el progreso en lugar de estar a expensas de lo que pueda ocurrir.

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