Angel Negro. Marca Blanca

En las últimas fechas estamos viendo decisiones tomadas por la empresa promotora del campeonato del mundo de MotoGp. No son decisiones sencillas, ni inocuas para la reputación del campeonato y eso no son buenas noticias.
Una de las mayores dificultades para el campeonato es la situación de impasse entre las costumbres y hábitos de la vieja guardia que queda de lo que fue Dorna y la toma de control de Liberty, algo que no ha podido llevarse a cabo.
En toda fusión orgánica siempre hay resistencia por parte de los poderes establecidos, por lo que la savia nueva tiene que lidiar con los egos de los equipos existentes además de aprender el negocio y definir las líneas de trabajo. Una de las mayores pistas de que eso es lo que está pasando es la posición de Carmelo Ezpeleta, que sigue dirigiendo el campeonato sin atender a la filosofía que quiere imponer Liberty y haciendo que la compañía matriz se sienta incómoda con el proceder de la inercia de Dorna.
Esa inercia de Dorna es el Angel Negro que hoy día guía el campeonato.
La filosofía siempre ha sido la de pensar a corto plazo. Generar el máximo retorno económico con el menor esfuerzo, sin hacer una inversión a largo plazo que signifique un crecimiento sólido, desde el «toma el dinero y corre» del muro de pago para las televisiones, hacernos pagar a los periodistas por cubrir e informar del campeonato hasta tratar de incluir circuitos improbables para cobrar un canon por encima de la media.
Las últimas decisiones de las que hablaba al inicio del texto son los contratos a la baja de las televisiones, sacrificar circuitos icónicos por proyectos a futuro – de los que hemos tenido ya ejemplos de incumplimiento – o el tratar de mantener el Gran Premio de Catar en el calendario a cualquier precio por unos cuántos millones de más que pagan los jeques.
Esa necesidad de rascar euros de cualquier parte, aunque no sean grandes cantidades para un negocio global que debería estar más cercano a algo más exclusivo, a la investigación tecnológica y a un polo de atracción de inversión para el desarrollo de la movilidad del mañana en el mundo de las dos ruedas hace que se perciba MotoGp como un deporte sin una gran reputación.
Esa falta de identidad y necesidad de encontrar el último céntimo hace de MotoGp una Marca Blanca.
Algo que se ha venido fraguando desde ya hace mucho tiempo. Lo atestiguan los Balaton Ring, Circuito de Gales, KimiRing y algunos otros grandes fiascos, como fue correr en Balaton Park sin la categoría FIM para albergar el campeonato. También el hecho de ser una marca necesitada de ingresos ha hecho que el proceso de toma de decisiones sea algo condicionado y con una sola salida: cerrar los ojos y seguir adelante.
El único Gran Premio que se ha cancelado en los últimos años ha sido e de Silverstone, que le costó la carrera deportiva a Tito Rabat. Sólo después de ese incidente, que dejó al piloto con la pierna fracturada por 5 partes, se decidió que no se debía correr. Ya era tarde, ya se había vuelto a perjudicar la imagen del deporte.
Eso volvió a pasar ayer. Un negocio serio, solvente y que conozca su valor hubiese actuado de una forma distinta ante el hundimiento de parte del asfalto. Un negocio que sepa de su importancia, o que aspire a ella, hará que sus decisiones le lleven a estar por encima de los problemas que puedan poner en riesgo a aquellos que están generando el negocio, los pilotos y los fabricantes. De las tres clases.
La próxima parada será Texas, con Liberty en pleno en primera fila.
El nuevo propietario de los derechos de MotoGp ha de desencallar la negociación con las fábricas y de reconducir demasiadas cosas a nivel organizativo y cultural, por lo que podría haber cambios antes de lo pactado o esperado y que el porcentaje mantenido por Dorna no sea suficiente argumento para frenar los cambios.
No es aceptable que un pequeño agujero hay engullido MotoGp.
