MotoGP, esa Secta

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Desde el accidente sufrido en 2021, que me alejó del “día a día” de la información y del paddock, miro el campeonato como un abuelo, que mira a su progenie con amor y por supuesto con un punto de indulgencia cuando los caminos tomados por sus inexpertos descendientes son claramente equivocados.

Aunque solamente sea por experiencia, y por el mismo motivo que los senadores romanos eran servidores públicos veteranos, la perspectiva de la experiencia nos hace reconocer viejos problemas para gente nueva.

El olvido nos condena a repetir los mismos errores.

 

Releyendo 1984 de George Orwell, volvía a mi memoria una idea que Ramon Forcada me dijo en varias conversaciones sobre los fabricantes. “Hay que dejar que si alguien sabe hacer motores 4 en línea, o de tres cilindros, o en V, los haga”, defendía Ramon ante la uniformidad técnica de la parrilla.

La reflexión que une a Orwell y Forcada es una frase que he procurado que formase parte de mi forma de tomar decisiones importantes, y que su calado es impresionante en cuanto se lee: “Ortodoxia es inconsciencia”.

Cuánta profundidad y significado en tan pocas palabras; y en lo que se refiere a MotoGP el pecado de la ortodoxia está en sus Mandamientos al definir que el motor podrá ser de hasta 1000cc pero sólo de 4 tiempos, con un máximo de 4 cilindros de 81mm de diámetro.

Otros de esos Mandamientos también llevan a la tan nociva ortodoxia, como el hecho que las cajas de cambio puedan ser únicamente de 6 marchas y con ratios definidos antes de la primera carrera. Hay motos que podrían aprovechar mejor el motor variando el número de marchas o sus relaciones, cambiando así el equilibrio de rendimiento en la parrilla.

Pero no sólo sería eso, sino que se abriría la línea de desarrollo que pudiese llevar al éxito. Con esta línea de Mandamientos tan sumamente estandarizado es técnicamente complejo salirse de eso, de la solución estándar. Tanto es así que Yamaha, aplicando una suerte del principio de La Navaja de Ockham, irá a la solución estándar del motor V4.

¿Por qué son tan ajustadas las reglas técnicas?

El motivo de una reglamentación técnica tan acotada tiene su origen en las despobladas parrillas de inicios de la década de 2010, con sólo 18 motos de 4 marcas distintas tomando la salida en cada gran premio. En 2012 ya sólo quedaron Yamaha, Honda y Ducati como fabricantes en MotoGP.

Había que reducir costes para atraer a nuevos fabricantes al campeonato, había que nivelar el terreno técnico para que fuese sencillo llegar al campeonato y rápidamente ser competitivo e incluso ganar sin inversiones estratosféricas. Así, KTM, Aprilia y Suzuki ganaron carreras e incluso Suzuki el título de pilotos de 2020.

El recorte en la desproporcionada inversión que se requería para llegar a la cúspide en MotoGP llegó de la electrónica, esto es el software y los sensores que leen el estado de la moto y su rendimiento para ajustarse al máximo de sus posibilidades a cada metro de carrera. No en el diseño de los propulsores.

Todas las fábricas de motos saben hacer motores, tienen su filosofía y su idiosincrasia, pero el diseño definido en los Mandamientos técnicos lleva a los ingenieros a una misma conclusión. “El V4 es la solución”, responden a coro todos los líderes de desarrollo como si de una Secta se tratase.

Algo que la aerodinámica y el dispositivo de altura variable, que han reducido la importancia de la entrada y el paso por curva, han hecho que ese coro único en favor del V4 haya abducido también a Yamaha.

Tras la salida de Suzuki, los de Yamaha eran la única voz discordante en el planteamiento técnico discrepante que nos devuelve a Forcada y Orwell en ese grito desesperado de que la ortodoxia, la uniformidad, es la inconsciencia o inmovilismo que harán casi imposible el cambio del Statu Quo.

Este juntaletras en modo abuelo, que mantiene la pasión y el amor del primer día por el deporte, cree que ha llegado el momento de mantener la electrónica única pero sí cambiar el tramposo laberinto que sólo tiene una salida técnica.

Todo ello con el deseo de  que florezca la competición técnica entre fábricas y que, además, esto abra la competición a deferentes formas de pilotar.