Nadie limitó los goles a Messi.

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¿Se imaginan que existiera un reglamento que hubiera limitado los goles que Leonel Messi pudiera marcar? ¿No le parece que sería un despropósito antideportivo, antiespectáculo, un insulto a la inteligencia del aficionado, una estúpidez empresarial, un tiro en el pie del vendedor de espectáculo: «pasen y vean, compren el espectáculo donde el reglamento limita a los mejores hasta dejarlos al nivel de los mediocres, pasen y vean, ¡lo llamamos igualdad!«.

El triste espectáculo que ofreció Marc Márquez en el pasado Gran Premio de Holanda merece la más atroz de las críticas posibles por la injusticia que una estúpida regla a la medida de un único proveedor de neumáticos evita que un piloto con una moto inferior pueda buscar cómo ganar a los que tienen mejores motos.

¿Ustedes se imaginan a Messi pasarle el balón al cancerbero contrario por exceder el límite de goles establecido? Porque fue exactamente lo que vimos, a Márquez dejando de competir para no contravenir una regla que pocos entienden aún hoy. MotoGP es el único espectáculo del Mundo que penaliza a los deportistas que desean competir.

Y si piensan que esto último es un alegato en favor de Marc Márquez, piensen que lo que hizo grande MotoGP fue precisamente alguien que con una moto inferior fue capaz de ganar: se llamaba Valentino Rossi.

¿Dónde está la competición que permite a los deportistas ser deportistas? ¿Quién se cree que (con todos mis respetos) Fabio Di Giannantonio tiene la misma capacidad de pilotaje que Marc Márquez? Tenemos una elite del motociclismo en la que no existe competición técnica en neumáticos ni electrónica, tenemos una élite del motociclismo dónde los mejores pilotos y los mejores ingenieros no pueden demostrar lo que saben hacer, no pueden competir.

Si los nuevos propietarios de MotoGP, Liberty Media, son capaces de darse cuenta de la profunda reestructuración que necesita este deporte para volver a lo que lo hizo grande, bienvenidos sean, si vienen a que las ideas antideporte, antiespectáculo y proaburrimiento que nacen en los despachos sigan rigiendo el deporte a motor más espectacular que existe (que Sébastien Loeb me perdone) olvidémonos de todo lo que el motociclismo fue y debiera volver a ser antes que un desfile preprogramado.

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