Bagnaia»ofrecerá menos» declaraciones. ¿También si vuelve a ganar?

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Bagnaia comic Austria 2026

Pecco Bagnaia ha llegado al Gran Premio de Austria con una cuenta pendiente y no con el cronómetro, que también, sino con la prensa. El italiano calificó como una “completa falta de respeto” la difusión de una conversación mantenida con Fabio Di Giannantonio tras el Gran Premio de San Marino. En aquel intercambio, captado por las cámaras de DAZN, se escuchaba a Bagnaia afirmar que en Ducati “no le dejaban” probar una configuración más básica de su moto.

Bagnaia aseguró que el vídeo estaba incompleto, que sus palabras habían sido sacadas de contexto y que la frase elegida no reflejaba correctamente lo que pretendía explicar. Hasta ahí, su protesta resulta comprensible y hasta previsible. Un piloto puede considerar inadecuado que una conversación que creía ajena a una entrevista sea convertida en contenido informativo. También puede reclamar que el contexto sea completo. Lo más discutible llegó después, cuando amplió su reproche hacia la prensa y advirtió de que, a partir de ahora, será menos transparente y los periodistas “tendrán menos” de él.

Conviene poner esa acusación en perspectiva. Si existe un deporte en el que el secretismo forma parte de la vida cotidiana, ése es MotoGP. Los equipos protegen obsesivamente cada decisión técnica, los pilotos rara vez explican con precisión qué sucede dentro del box y las respuestas sobre problemas mecánicos, maniobras en pista, relaciones internas o diferencias de material suelen envolverse en expresiones cuidadosamente calculadas que rozan el ridículo y el hastío por repetidas, manidas y sobreutilizadas. Por si fuera poco, la prensa trabaja alrededor de muros corporativos levantados por fabricantes, departamentos de comunicación qué deciden qué declarar o no, qué responder y patrocinadores celosos de su imagen. A todo esto hay que sumar la autocensura que se imponen muchos periodistas, las cortapisas de los jefes de prensa para acceder a pilotos o miembros del equipo y la necesidad de mantener una buena relación en un pequeño barquito en el que navegan las mismas personas 22 fines de semana al año. O más. No es precisamente en un territorio de transparencia ilimitada, al contrario, los discursos impuestos y sesgados se vuelven, a veces, la única verdad.

Desde este prisma, la más que institucional disculpa de DAZN a Bagnaia, tan espontánea como si la hubiera ordenado un juez, invita a pensar en quejas formales por parte de equipos o incluso del promotor, temeroso de polémicas que puedan mancillar su supuesto buen nombre, su remanso de paz mediática e imagen de monaguillos en plena convivencia. Quizá un recordatorio a la prensa del paddock de los límites de sus ya estrechos márgenes de maniobra.

Porque lo cierto es que resulta especialmente difícil sostener que los pilotos de MotoGP padecen una prensa especialmente despiadada, crítica o irrespetuosa. Al contrario: quienes siguen el campeonato desde los circuitos acostumbran a contextualizar sus malos resultados atendiendo a la dificultad de pilotar estas motos, al riesgo físico que asumen y a la extrema igualdad de la competición. Una caída, un décimo puesto o una temporada decepcionante rara vez reciben el tratamiento feroz que soportan los protagonistas de otros deportes.

En otros deportes se dedican portadas a exigir la salida de entrenadores y jugadores, se llama “traidores” a futbolistas por cambiar de equipo y se convierten errores puntuales en juicios sobre su carácter. Nada parecido está ocurriendo con Bagnaia ni ningún otro piloto. La prensa presente en el paddock de MotoGP puede equivocarse, elegir un titular discutible o publicar un fragmento susceptible de interpretación, pero generalmente mantiene un grado de prudencia y respeto muy superior al habitual alrededor de otros grandes espectáculos deportivos, y no sólo el fútbol.

Pero es que en las quejas de Bagnaia hay, además, una cuestión de oportunidad. Bagnaia anuncia que hablará menos precisamente cuando menos cómodo le resulta hablar: en uno de los momentos deportivos más delicados de su carrera, sin respuestas claras y obligado a explicar por qué otras Ducati resultan competitivas mientras él continúa perdido. La advertencia puede interpretarse, por tanto, como algo ventajista. Es sencillo reclamar silencio cuando las preguntas incomodan.

Lo que automáticamente nos lleva a una pregunta tan elemental como inevitable. Si Bagnaia vuelve a subir al podio este fin de semana o gana una carrera antes de terminar la temporada, ¿mantendrá su decisión de ofrecer menos declaraciones? ¿Responderá con monosílabos y evitará los micrófonos? ¿O esperará que las cámaras se acerquen para ofrecer su propia versión de su buena actuación?

Resulta sintomático (refiriéndonos sólo a Bagnaia) que precisamente este piloto, que estuvo dispuesto a no pelear un título por respeto a los ciudadanos valencianos afectados por la DANA, que nunca ha tenido una palabra más alta que otra, que se caracteriza por su elegancia y saber estar dentro y fuera de la pista, se queje y amenace con «ofrecer menos» ante una de las prensas deportivas más repetuosas con el deportista. Si no la que más. La relación entre periodistas y pilotos debe basarse en el respeto, como afirma Bagnaia. Pero el respeto no puede significar informar únicamente cuando el protagonista está satisfecho con la historia.