El penúltimo reto de Maverick Viñales en MotoGP

MotoGP

Fabio-Mack es la guerra del año que viene, en Yamaha. Aunque acabe ganándola (como ha pasado, en este 2020) Franco Morbidelli. Pero hoy quiero fijarme en Viñales.

De los pocos mantras verdaderos que quedan vivos en MotoGP, el que reza que tu compañero de box es tu primer rival se quedará corto para estos dos pilotos, oficiales, de la fábrica que arrancará 2021 con más dudas que ninguna otra.

Dicen por ahí que Maverick Viñales tiene puesto en su contrato que él será el piloto que lleve el peso de las decisiones de desarrollo técnico de la M1 a partir de la próxima temporada. Dicen.

Y yo os digo que (además de no fiaros de mí) no os fieis jamás de nadie que os venga contando nada de ningún contrato de ningún piloto de MotoGP. Por dos razones: ni lo han visto, ni será verdad.

Cualquier cosa relativa a esa hipotética clausula (que de existir, habría que ver cómo está redactada) no puede devenir sino en aspectos negativos para los intereses de Maverick. Y también por dos razones.

La primera es que (como pasó con Rossi) no le harán caso: Iwata hará lo que le dé la gana. Como HRC ha hecho, más de una vez y más de tres, con el mismísimo Marc Márquez, pongo por caso.

La segunda es que se acaba una excusa de oro para Viñales. La sombra de Valentino se desvanece y todo el peso recae sobre sus hombros. Y aquí es donde entra en juego Fabio Quartararo.

Porque el francés está hablando con la fábrica desde que llegaron a Cheste, que se sepa. Y el español se ha despedido de MotoGP deseando feliz navidad a todo el mundo y sin querer hablar de motos lo que resta de año.

Yo mismo les pregunté a ambos cómo planificaban la comunicación con Yamaha de cara a 2021. Fabio certificó que hablaba con ellos y hasta explicó detalles; mientras que Maverick me regaló un pasapalabra de libro.

Nada que objetar: nací inmune a un virus que asola las sociedades del mal llamado primer mundo y que en todas las escuelas de psicología de no sé qué planeta se estudia con el nombre de “ataque de cuernos”.

El problema no está en lo que Viñales responde. Reside en lo que Maverick está dispuesto a hacer. Ahora que empieza un nuevo contrato de dos años: su penúltimo reto en MotoGP.

Y para mí la respuesta es clara: tiene que entregarse a su talento los domingos de carrera. El que tiene embridado por su puñetera manía de convertir un problema de categoría 1 en un movidón de clase 10. Si se libera de eso, volverá a ganar.

Hay más cosas: taparse en los test (que salga otro en la foto) y no preocuparse de lo que Fabio pueda estar hablando con Yamaha: al fin y al cabo, esa horrible M1 es la moto que más carreras ha ganado en 2020.

Maverick Viñales se enfrenta a su penúltimo reto en MotoGP porque el siguiente puede ser tener que irse. Así de cruel. No yo: el campeonato. El plan renove que está en marcha desde que echaron a Dani Pedrosa seguirá su curso.

Y lo hará sin contemplaciones, afectando a cada piloto (incluido Valentino) que lleve más de un lustro en la parrilla sin ganar el título. Maverick subió aprovechando el regreso de Suzuki y fue novato del año, en 2015.

Los chavales de Moto2 suben en manada; mientras que los de Moto3 (a Raúl Fernández me remito) tienen cada vez más clara su hoja de ruta. Ahí (además de Fabio) están los rivales de Maverick a partir del año que viene. Aparte de él mismo, claro.

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