Pongan su dólar en Marc

Cuenta la leyenda que en La Viña, el barrio de los pescadores de Cádiz, vivía hace muchos, muchos años, un viejo lobo de mar que se resistía a renunciar a su cita, casi diaria, con la bahía. No podía vivir sin salir a pescar con su barca, hiciera el tiempo que hiciese y tuviera los años que tuviese. Nunca se preocupó de contarlos. Era el mejor, siempre había sido el mejor; y aún entonces regresaba a La Caleta con las mejores capturas, de madrugada. Su familia (sus hijas, sus nietos) le imploraban, en la orilla, que desistiera en su empeño de seguir saliendo a pescar. Pero él nunca decía adiós o hasta luego. Sin mirarles, embarcaba en su chalupa y, enfilando la proa a poniente, simplemente contestaba:

“Yo siempre voy a volver. Mantengan encendida una luz.”

Mantengan su dólar en Marc, parroquia. O pónganlo ahora, si no lo hicieron antes del pasado domingo; o después de la operación que ha hecho el doctor Mir este martes en Barcelona. Dicen que el nervio no está afectado y algunos están especulando ya con que el Tro de Cervera sería capaz de volver a Jerez para correr, este próximo fin de semana, el Gran Premio de Andalucía. No lo creo y sobre todo no lo espero, toda vez que MotoGP entró en “razones y motivos” cuando reflexionaron sobre aquella falsa épica (que fue, en realidad, imprudencia temeraria) de la machada de Lorenzo en Assen. Que Márquez correrá el Gran Premio de la República Checa ni cotiza: que dejen, en Brno, encendida una luz.

Yo no me bajo de mi burro: no era el día de correr así. Y eso que tengo que reconocer que me gustaron las palabras demoledoras de David Asencio en el podcast de MRN, más o menos estas, escribo de memoria: “Marc le dio una patada en los huevos a los rivales, al campeonato. Solamente una mente pequeña puede ver esa carrera como una derrota de Márquez”. Yo soy del club de las mentes pequeñas cuando analizo lo que veo en la pista, que es lo que vale. Creo que esa patada (y varias palizas) ya se la ha dado Marc a todo MotoGP, desde Jerez 2013, más o menos.

De hecho (y esto es información y reiteración de lo que vengo contando desde el lunes) nadie es más consciente del error que cometió Marc Márquez en el pasado Gran Premio de España, que el propio Marc Márquez. Me cuentan (me lo creo, por supuesto) que pidió perdón a su equipo como ha hecho siempre; y que fue el propio Alberto Puig el que tomó entonces las riendas de la crisis sobrevenida: nada de arrepentimientos, momento de hacer piña y no exhibir fisuras. ¿Y esto por qué? Pues porque los números para la épica de verdad (la del “noveno” en 2020) salen. Vamos a por nuestro dólar.

Hay otra charla interesante, de Judith Florensa con Dennis Noyes, en la que mi querido amigo de Borrego (Cordero para Nieto) o Miraflores (para mí) aporta un dato revelador: en 2019, a la altura de Misano, que es cuando el campeonato llevaba 12+1 grandes premios disputados, Marc llevaba tres carreras de colchón a sus rivales. El cero de Austin hacía mucho tiempo que había pasado a un plano irrelevante. Y el año acabó no con un colchón, sino con el ajuar completo de haberse pasado por la piedra a toda la parrilla de MotoGP.

Es una paradoja, pero en este momento estamos igual. La demostración de poderío de Márquez certifica que la machada es posible. Con un poco más de cabeza a la hora de gestionar ese gas que Marc da como nadie, volverá a la lucha por el título. Y esta vez, recuperándose del brazo, podrá defenderse, a sí mismo, de lo que más le duele: cuando alguna vez se ha conformado (porque lo ha hecho, como es natural) con una segunda plaza o un tercer escalón del podio. Pensando, encima de la moto, en el campeonato. Lo que no hizo este pasado domingo.

No se vayan todavía, aún hay más. El dólar que reivindico sigue vigente no sólo por la grandeza demostrada de Marc, sino por las miserias evidentes de sus rivales. Dovi es el tapado, ojo con las carreras de Austria. Pero no me fio de su sangre. Fabio es el ganador de Jerez y el líder, y ni siquiera sale en el mapa: ganó cuando faltó el que nunca le dejó hacerlo antes. Y Maverick ya puede espabilar porque su podio del domingo no tapa el churro que le metió el niño francés con una Yamaha privada, por muy pata negra que sea, la moto y el niño, digo.

Para rematar, al único que vería con cabeza suficiente para aprovechar la ausencia de Márquez, no le acompañaron ni el gas, ni el cuerpo. Valentino también acabó con el casillero a cero; pero me queda por certificar si no ha sufrido un daño mucho mayor que el de Marc. Eso sí, Jerez le encanta y Rossi es otro “viejo pescador” de La Caleta. También merece que “mantengan una luz encendida” por él. Espero ver otra película el próximo domingo. Y el martes siguiente volveremos a comentarla en esta casa. Aquí, también siempre, yo voy a volver.

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