Adrián Fernández, sin presión (ni nada)

Empecemos por el principio. Tienes 16 años y te ves en el Mundial de Moto3. A partir de esta premisa, el que no reconozca que fliparía en colores dándole igual todo salvo la moto que le espera puede dejar de leer ya, porque aquí no va a encontrar la más mínima objeción a Adrián Fernández por su llegada al Mundial.

Porque al fin y al cabo, lo único que sabe Adrián es que ha llegado al Mundial, y desde luego, muy figura tiene que ser el chaval para negociar con un patrocinador, con Biaggi, con Husqvarna y el Campeonato para pactar su llegada en el firmado puesto de Alonso López. Es más, de haberlo hecho con 16 años, que se deje las motos y se dedique a los negocios desde ya.

Ahora, vamos a pensar si la colorida y flipante situación que se le presenta a Adrián Fernández no pueda ser un regalo envenenado. O como mínimo, amargo.

Fernández ha llegado al Mundial con el sambenito público (ya hay profesionales que se han ocupado de colgárselo) de haberle quitado la plaza a otro piloto, otro piloto cuyo contrato desconocemos, otro piloto cuyos resultados no eran los esperados, pero otro piloto al que no hubiera sustituido de no haber traído pasta al equipo, o como reza el eufemismo, aportar patrocinador. Y cuidado con el sambenito, que ya te obliga a demostrar lo contrario en un equipo cuyo presupuesto no debe estar muy claro. No hay presión.

Tiene la comparación con los resultados de un crack como su hermano, ya en el FIM CEV, cuya oportunidad de igualar se le ha negado. Ahora a demostrarlo todo en el Mundial, con la presión de llegar pagando y en un equipo sin presupuesto claro. No hay presión, no hay presión.

Tiene los antecedentes de otros pilotos como el mismo López, García Dols, Bulega, Hanika, Guevara (al que a pesar de contar con cierto palmarés cuando se le acabó el patrocinador se le acabó la moto) etc etc que han visto como las expectativas iniciales superaban los resultados y con ellos, la necesidad de demostrar lo que te han quitado la oportunidad de demostrar en, por ejemplo, el FIM CEV (salvo Hanika, que lo demostró todo). Hemos dicho que no hay presión.

Tienes dieciséis años, la comparativa de tu hermano, el sambenito del patrocinador publicado y voceado, la oportunidad de foguearte negada y la obligación de demostrar que mereces una plaza en un equipo al que le cuesta conseguir resultados (y ahí está 2020). NO HAY PRESIÓN, SEÑORES, aquí hemos venido a divertirnos, como en el Hormiguero.

¿Qué se le puede objetar a Adrián Fernández? Da igual cómo se llame el piloto, ésta es la realidad que nos estamos encontrando y los talentos que se estrellan año tras año por no conseguir resultados en un Mundial al que llegan “casi sin presión”, son llevados a competir sin formación, sin experiencia, sin resultados que le avalen y en motos que apenas conocen, pero eso sí, con todas las obligaciones del mundo hacia patrocinadores, fábricas y bajo la mirada de, literalmente, todo el mundo de la moto sobre tus dieciséis años. Yo no veo el deporte por ningún lado, sólo veo profesionales agarrados a un patrocinador a costa del potencial de un crío de dieciséis años que llega al Mundial avalado por pasta y no por unos resultados que se le han negado sacándolo del CEV. Y de existir un criterio deportivo que prime en la formación del piloto, en lo deportivo en vez de en la presencia de un patrocinador, sencillamente no lo entiendo. Trabajaremos para entenderlo.

Con todo esto, seas Adrián Fernández o Perico de los Palotes, ¿qué podría salir mal?.

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