Marc Márquez sí tiene la culpa

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Y cada estoy más convencido. Y más aún después del Gran Premio de Japón, disputado finalmente en seco. Marc Márquez es culpable al 99% del estado actual de MotoGP, incluyendo las caídas de Fabio Quartararo y Takaaki Nakagami durante el Gran Premio de Aragón.

Del otro 1% daremos cuenta más adelante.

Pero empecemos por Quartararo. El hombre con peor suerte con las cremalleras de sus monos está defendiendo mal que bien sus opciones de revalidar Título de Campeón del Mundo de MotoGP. Con una media de 13’69 puntos por Gran Premio (ligeramente mayor que la media con que Joan Mir se proclamó Campeón en 2020, de 11’4 puntos), Quartararo está aguantando las embestidas que el ejercito Ducati, capitaneado por un no tan fuerte Pecco Bagnaia, con una dignidad y un pilotaje que no corresponde para un promedio de puntos que no le hace justicia alguna (por ejemplo, Andrea Dovizioso se proclamó subcampeón en 2019 con una media de 14’16 puntos). La forma con la que Quartararo hace correr su Yamaha en la entrada a curvas es muy muy superior al de resto de pilotos (algo que a pie de pista se nota como 800 veces más que por TV) y hace lo que un Campeón hace, empujar sin hacer errores aunque vengan dobladas. Salvo en Aragón.

 

Porque seamos justos, si Márquez salió hecho un loco, Quartararo también (por hacer comparación con el del titular), y la necesidad de salir hecho un loco se la provocó, no se equivoquen, Marc Márquez. Porque Quartararo está luchando contra un ejercito de motos construidas con un único objetivo: vencer a Marc Márquez.

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Muy probablemente, sin Márquez en pista no hubieran llegado ni las aerodinámicas ni los holeshots ni un sinfín de cosas que sólo buscan una cosa: mejorar las frenadas y las salidas de las curvas. Lo de en medio, como os digo, a pie de pista se nota que es algo que a Ducati no termina de preocuparle demasiado.

A Ducati lo que le preocupaba era que Dovizioso tuviese estabilidad en la frenada para poder vencer a Márquez en su terreno, el apoyo sobre el eje delantero. De ahí nacieron las aletas delantera, más que del antiwheelie. Precisamente ahora que ha pasado el Gran Premio de Japón, recuerdo que en la rueda de prensa 2017 se le preguntaba a Dovizioso por la estabilidad de su Ducati en la temible frenada de la curva 11 comparada con la saltimbanqui Honda de Márquez, algo que Dovizioso tenía que reconocer sin opción a disimular: las imágenes de carrera eran absolutamente evidentes y estaba claro cual era el camino a seguir: forzar el tren delantero más.

Porque olvidaos, no estamos hablando de un antiwheelie mecánico en aceleración. Las aletas nacieron para dar estabilidad a la moto en la entrada en curvas, y así describía Aleix Espargaró lo que sentía con la Aprilia cuando las montó: más aplomo en la entrada a curvas.

Si Márquez no hubiera vencido en 2017 por 31 puntos al mejor (y más irregular) Dovizioso nunca visto, Ducati nunca hubiera buscado esa solución mecánica para contrarrestar las carencias de Dovizioso sobre la Ducati. En 2018 venció por 76 puntos y en 2019 por 151, ya con las aletas instauradas en todas las motos, y entrando otros elementos como el holeshot dinámico que empezara a montar Jack Miller aún en el Pramac. Todo buscando ayudar al piloto en las frenadas, en la entrada a curva en la que Marc era inalcanzable.

Imaginad la película con Dovizioso venciendo en 2017. O aún distinto, imaginad la película con Márquez en Ducati: no se habría comenzado la escalada aerodinámica. Porque si alguien cree que los japoneses la hubieran comenzado, están equivocados: aún no se han adaptado.

Enea Bastianini Aragon MotoGP 2022 Ducati viernes
A. Villa/ASMedia

Así que sí, Márquez tiene la culpa de todo, de la escalada aerodinámica y de todos esos gadgets que buscan por el piloto el límite del neumático delantero, al punto de no quedar mucho que exprimir y hacernos olvidar los adelantamientos y duelos directos en pista. Pero es aún peor, porque una vez que se ha conseguido todo esto, Márquez vuelve a asustar con actuaciones como la del Gran Premio de Japón en seco, atacando en la última vuelta la cuarta posición, más allá del límite que encuentran otros pilotos.

Y si a Ducati se le vuelve a escapar el título de entre los dedos como en 2017, merced a la gestión de la presión propia y del neumático delantero que mostró Bagnaia en Motegi, tendrá la culpa de otras muchas más cosas. Será culpable de una vez por todas nos planteemos el nivel medio de la parrilla de MotoGP, llena de pilotos inexpertos que no han sentido más presión en su paso por el Mundial que la de sus managers buscando una plaza de MotoGP al margen de los resultados.

Y luego está el 1% restante de culpa. Y no es de nadie más que de quien permitió esta escalada técnica sin sentido. De quien busca abaratar costes al tiempo que se le escapan las marcas de entre los dedos, como lo de Dovizioso en 2017, al tiempo que encarece este deporte con más y más Grandes Premios para una menor ventana de difusión.

Pero esta es otra historia.