RoadToMotoGP: Di Giannantonio, gracias por venir

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Existe una palpable tendencia en los medios y opinólogos por la que todo piloto que está en MotoGP merece estar en MotoGP. Y esto no es así, no en el modelo #RoadToMotoGP, al menos si se pretende que ese lema signifique algo más que una eficiente noticias basadas en rumores, futuros fichajes y todo lo que conlleva una «silly season» sin fín en la que se ha convertido, o camino lleva, este Campeonato, del que ahora sólo me sale llamar «este modelo de negocio».

Pero el manido #RoadToMotoGP es un modelo de espectáculo, un modelo de negocio que no es, ni será, el Mundial de 500 cc, ni los primeros MotoGP. En aquella época había pilotos que se montaban su propio equipo para llegar a 500cc, una cosa llamada equipos privados en los que, con o sin apoyo de fábrica, intentaban demostrar con lo que tenían que merecían llegar a un equipo, a una plaza que les permitiera luchar por los buenos resultados que, por el mismo filtro del nivel del pilotaje que existía entonces, hacía que un podio de Joan Garriga con una Yamaha de la temporada anterior (Donintong 92) tuviera más notoriedad que una victoria al sprint ahogada en la multitud de resultados y estadísticas que suman y siguen cada semana.

Y sí alguien se ha ofendido por decir que el filtro de pilotaje era mayor, que se tome dos tazas porque con esto no ataco al nivel actual de la parrilla, simplemente digo que no hace mucho el piloto debía salir sin ayudas electrónicas, salir de las curvas lo más rápido posible sin holeshot, estabilizar la moto en frenadas sin aerodinámica y vencer/gestionar un desgaste en los neumáticos que hacían imposible, literalmente imposible, marcar vueltas rápidas a final de carrera. Era así, eran cosas que filtraban los resultados y los pilotos que llegaban a los equipos oficiales o tenían apoyo oficial desde un equipo satélite.

Pero hoy, si un piloto quiere embarcarse y mostrar que es capaz de ser un piloto puntero de MotoGP a las bravas sencillamente se le prohíbe. Y es que llegar a MotoGP bien con una moto carreras cliente o con una moto hecha con recambios (como la que llevó a López Mella merecer una oportunidad en el equipo Suzuki oficial) está sencillamente fuera de este #RoadToMotoGP que se basa en repartir una pasta determinada en una serie de equipos que llevarán una moto determinada. Equipos que son oficiales o «satélites». Ninguno privado, todos plazas preconcedidas que llenan la parrilla de pilotos que, primeramente han llevado sus fichas a la baja, y segundo, basta con que sean capaces de llevar estas motos al nivel que la técnica actual ofrece al alza y los nuemáticos utilizados limitan a la baja.

Y aquel modelo de deporte (que no de negocio) representaba todo lo que se dice del Motociclismo: de la lucha del piloto contra sí mismo, de la valentía y coraje en pista, del empeño en llegar a la competición como fuera, de la épica de la batalla en la élite, de una afición que respetaba a todos los pilotos más allá de los resultados, y que no se confunda respetar con idolatrar.

Y aquí está el bueno de Fabio Di Giannantonio. Absolutamente fagocitado por este embudo que necesita hacer sitio a empujones a los que llegan o cambian de sitio haciendo valer su (merecido y ganado) caché, con 25 años y un palmarés superior al de muchos pilotos retirados que hoy veneramos y respetamos, y sin posibilidad de seguir en MotoGP, al menos hasta estos momentos, los prolegómenos del Gran Premio de Australia. Fabio Di Giannantonio atesora como mejor resultado el cuarto puesto conseguido en el anterior Gran Premio (Indonesia 2003) en su segunda temporada y no tiene sitio en MotoGP. Y como cualquier piloto quiere permanecer en MotoGP antes que «bajar» a Moto2, como cualquier piloto quiere demostrar que puede estar ahí. Y los daños colaterales del modelo que lo llevó a MotoGP se lo niega. Normal que llorara en Mandalika.

Pero esos tiempos se acabaron, ya no hay sitio para pilotos privados en MotoGP sino para los que promocionan con contratos y al margen de resultados hasta llegar a la supuesta élite del motociclismo de velocidad. Y aquí entra la pregunta que, por no querer salirse de los discursos preestablecidos, nunca se hace: ¿llegó Di Giannantonio demasiado pronto a una MotoGP con forma de embudo? ¿Y cuántos otros pilotos han ocupado una plaza antes de tiempo, antes de tener el nivel o haberlo demostrado? ¿Y cuántos pilotos ocupan una plaza de MotoGP estancados en sus resultados aún a pesar de la igualdad mecánica que otrora no existía?

Y si hay pilotos que llegan demasiado pronto, o por contratos firmados hace dos años, por qué no quieren quedarse en la categoría intermedia como, por no nombrar a otros, ¿hizo el mismo Garriga antes de su segundo intento en 500?.

La respuesta como siempre es el dinero que Dorna reparte entre los equipos de MotoGP (y no en Moto2/3) y la visibilidad que da a MotoGP (a costa de Moto2 y Moto3). Por cierto, en este fantástico artículo de Darío Wet  cuentan con datos cómo Dorna debe 975 millones de euros. ¿Repartirá de ese préstamito la pasta entre los equipos de MotoGP?

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