Ea, ea, ea, QJ se cabrea.
Terminada la primera parte de esa película llamada «Gira oceano-asiática» (nombre cuya explicación siempre justifica rellenar un buen par de minutos en los debates de streaming) ha sucedido algo que no recuerdo que haya sucedido nunca: ni tifones, ni chamanes, ni fans estrafalariamente disfrazados, ni neumáticos que se destruyen con mirarlos (ojo a la segunda parte de la peli con esto) ni pilotos de extraño nombre irrumpiendo de la nada, nada de esto, salvo el sistemático fallo de los favoritos en MotoGP, ha sido protagonista del final de esta película. Pero pasó lo que faltaba por pasar. No fue Godzilla quien apareció, sino el gigante chino QJMotor en un ejercicio de demostración de poder pidiendo el despido de un piloto, Manu González, justo después de haber conseguido la victoria. Tengo los suficientes años para identificar actitudes, y la del directivo de QJMotor que ha pedido el despido de Manu Gonzalez es de libro: vanidad y necesidad de notoriedad (y recuerden, la vanidad es el favorito de los pecados del diablo).
No se crean lo de la ofensa al pueblo chino (bastante tiene con sus super ricos y sus super pobres), no se crean lo de la tradición, no se crean nada de eso: un directivo que ha pagado para que su logo aparezca en el Mundial de Moto2 sencillamente busca notoriedad y que su dinero se convierta en el adalid del servilismo que pretende. Y justo lo hace con el piloto que mejores resultados le ha traído para engrandecer ese servilismo que pretende, «pues ahora despido al mejor que tengo» para demostrar, eso, que paga y que manda. No hay más y bien se ha esforzado en que su orden sea pública y notoria, escudándose en la defensa de la ofensa a su pueblo. En fin, un directivo más que se cree que el país y sus valores dependen de él para disfrazar la pleitesía que espera. Contra esto, poco se puede esperar y la putada de que te pille por delante es eso, una putada como la muralla china. Como les cuento, es más común de lo que parece y a muchos níveles. Reitero, la vanidad es el favorito de los pecados del diablo.

Y dentro del paddock hay mucho de esto, de vanidades y de personajes más empeñados en demostrar que la tienen más grande (la vanidad) que el resto. Y eso se transmite, se nota, se siente y va en contra de los resultados deportivos. No hay más que darse una vuelta por las redes sociales para ver quién pone el foco en el equipo y quién se esfuerza en ponerlo en su persona, una actitud que suele ir en contra de los resultados. No se puede llegar a un sitio inventando la rueda. Nadie dirá lo que piensa de los nuevos inventores de la rueda, o bien patrocina espacios o bien es un lugar susceptible de colocar pilotos a los que los más reputados analistas representan. Que las campañas directas o indirectas no nos quiten los ojos de mirar, y miremos. El comunicado de la salida de Bo Bensdneyder de Preicanos Racing habla por sí solo.
Por cierto, tengo un vehículo del grupo Geely, al que pertenece QJMotor. Lo de la excelencia y calidad de sus productos está por ver. Si bien mi coche es de nombre sueco pertenece al gigante chino, y me ha dado síntomas de ello haciendo realidad los tópicos: el interior parece las maracas de Machín, el hardware y el software del centro multimedia tiene vida propia y la culata del turbo no venía bien encajada de origen. Eso hasta el momento y sin una marca que asuma sus errores ni garantías. Pero bueno, ya vemos que la directiva está más ocupada en demostrar el tamaño de sus atributos públicamente que de hacer buenos vehículos.
