Del amarillo al rojo: mismo hooligan, distinto collar, nuevo enemigo.

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Hay una cosa que ha fallado en los cálculos de Pedro Acosta (KTM Factory) a la hora de hacer guerra sicológica pública (lo de La Revuelta ignorando a Marc Márquez y tal): lo absolutamente bien que van los pilotos con la Ducati GP 24 (incluso el olvidado Franco Morbidelli) el gran paso adelante que ha dado Aprilia y, sobre todo, el estancamiento de KTM merced a todo el follón de la casa madre que “no afecta” al proyecto MotoGP pero sí lo estanca. Bonita forma de no afectar.

Cómo se hubiera reivindicado, cuánto habría crecido su imagen de contendiente, cómo se entendería la competición dialéctica que quiso proponer (aunque no sé muy bien si supo hacerlo bien) que Acosta puso encima de la mesa si los resultados hubieran acompañado en Tailandia. Pero la necesaria lucha por el podio que debería acompañar sus palabras quedó lejos.

Lo cierto es que el inicio de Acosta en 2025 ha sido notablemente peor que su debut en 2024 con una moto satélite. Puedes llamarlo Pepito, Juanito, Michelin, electrónica o setting, pero el pasado año comenzó peleando por el podio y éste, liderando un proyecto, ha terminado cayéndose luchando por el top ten. No hay más que mirar para ver que algo no marcha bien. Si es la moto, el ambiente que no se cuenta, las dudas de cómo será llevar otra moto o la impotencia del kamikaze, inmolándose cuando no le queda más, es algo que sólo el tiempo y las conclusiones que saquemos a partir de cómo se sucedan los acontecimientos sabremos (porque aquí ni los dioses dicen la verdad nunca).

En cualquier caso, parece que ha terminado de darse ese relevo en la afición que sigue a un sólo piloto dando rienda suelta al hooliganismo y su falta de respeto e insultos que ayer se vestían de amarillo hoy visten de rojo y ya no tienen pudor a salir bajo el paraguas de los resultados, y me refiero al aluvión de comentarios que ha recibido Acosta en sus RRSS (una vez que los resultados no acompañan). Esto es así desde hace 21 años y marca gran parte de la forma en la se transmite la competición.

Y es que nos pongamos como nos pongamos, hay cosas en las que sólo cambia el collar, y estos hooligans ni entienden la competición ni tienen interés en entenderla. O por lo menos sólo la entienden cuando los resultados y los cruces de declaraciones les son favorables a sus ladridos (aún más valiente idiotez) y siempre en contra de quien se cree puede hacer sombra, como ya la hizo en 2024.

Al menos aquí el dios de turno demuestra estar por encima de sus hooligans.