Aparte de para repartir codazos, ¿para qué sirve Moto3?

Ya llevo un tiempo haciéndome esta pregunta, un tiempo que viene de muy lejos y que, visto lo visto, seguiremos haciéndonos y todo pinta a que, en esta extraña política por la que la prioridad es contener los gastos de las “categorías de soporte” (antes conocidas como Campeonatos Mundiales, una diferencia en la que no parece que haya que explicar mucho la involución), unos gastos a contener al tiempo que se elevan aumentando el número de citas, pruebas y exotismo de los destinos que no sólo encarecen el transporte, sino también los sueldos de los componentes del equipo.
Un sueldo que, poco se ha hablado de este tema, que los equipos tienden a mantener o variar poco de un año a otro independientemente de los viajes y días fuera de casa que cualquier mecánico esté dispuesto a sufrir, algo que ha llevado a una renovación drástica del personal de los distintos equipos a unos recursos humanos con menos experiencia, menos recursos, menos inventiva que inevitablemente redunda en los problemas no resueltos que los equipos se encuentran tanto en la moto como en otras cuestiones logísticas. Pero esto, ya sabemos, es algo que no sale por la tele, como apenas salen las categorías de soporte, por lo que cada vez hay menos patrocinio, o lo hay más precario.
Como también hay menor presencia de fábricas y menos que las habrá, con un futuro modelo de motor único (deduzco que un motor Aprilia) replicando a una Moto2 en la que los pilotos que hoy son buenos y merecedores de una MotoGP, mañana son incapaces de entrar en los puntos por mínimas variaciones técnicas. Y ejemplos sobran cada año, no hay por qué dar nombres que todos pensamos y a los que no dejamos de admirar.
Así que hemos pasado de un Campeonato del Mundo a una categoría #roadtomotogp a la que los pilotos llegan a aprender en una suerte de campeonato de promoción en el que, oh sorpresa, los pilotos llegan como una vaquilla en las fiestas del pueblo, resabiados e impasibles al capote pues vienen de otras fórmulas de promoción en las que han competido con motos de Moto3, en muchos de los circuitos que corre el Mundial y contras los mismos oponentes que tenían en los campeonatos de promoción.
¿Qué cojones se supone que van a aprender haciendo una y otra vez lo mismo?
Aprenden a seguir dándose codazos y toques para encontrar un hueco imposible como exige la máxima igualdad de la categoría y la necesidad de resultados. Luego nos encontramos un salto excesivo a Moto2 en la que vemos como los talentos de Moto3 se están diluyendo como gotas de sudor en la piscina municipal, un salto en la que se encuentran una moto potente que saben pilotar rápidos como el viento pero con la que no saben competir, no saben adelantar y no saben comportarse en pista. Y ahí está el viaje de David Alonso y Diego Moreira en el Gran Premio de Alemania en el que poco pasó, como demasiadas veces se dice. Y es que Moreira, un tanto flipado en ese momento, pretendió adelantar a Jake Dixon a empujones en modo Moto3 (mirad las imágenes) y reincorporarse a pista como se hace en Moto3, esperando que el resto cambiara de trazada como si no llevara una moto que pesa más del doble que una Moto3.
Olviden, malditos nostálgicos, la lógica de pasar de una 125 2T a una 250 2T.
¿Para qué sirve Moto3? ¿Es esta la despensa del Mundial? ¿Es el inicio del #roadtomotogp? Un MotoGP en el que llega un piloto retirado como Dani Pedrosa que explicó y retrató el nivel de la parrilla con un clarísimo “yo llevaba dos años retirados y casi hago podio”.
En estas condiciones de estandarización de la base y de su evolución a un tope predefinido, por supuesto que habrá Marc Márquez para rato.
