Manu González: el fallo del sistema #RoadToMotoGP

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Ronny Lekl gp-photo.de

Desde (especialmente) la pasada temporada 2025, una (buena) parte de los analistas y periodistas especializados en esto del motociclismo, más en concreto el #motogpismo, ponían en duda la idoneidad de la candidatura de Manu González a MotoGP. Las críticas se repetían con frecuencia: se cuestionaba su capacidad en el cuerpo a cuerpo, se señalaban supuestas carencias en mojado y se argumentaba que, pese a su velocidad, todavía no había demostrado poseer algunas de las cualidades que exige la categoría reina. Hoy resulta llamativo observar cómo muchas de esas mismas voces han pasado de la duda al elogio, e incluso muestran preocupación porque uno de los pilotos más dominadores de la actualidad no tenga garantizado un asiento en MotoGP. Todo muy normal, todo muy hipócrita.

La realidad es que los resultados han desmontado buena parte de esos argumentos si no todos. No sólo por su exhibición en Mugello durante el pasado Gran Premio de Italia, donde ganó con autoridad y volvió a demostrar que atraviesa el mejor momento de su carrera, sino porque su trayectoria completa refleja una progresión constante. González no es un piloto que haya aparecido de repente:  su carrera ha estado marcada por una evolución in crescendo en cada campeonato en el que ha participado. Año tras año ha corregido defectos, ha ampliado recursos y ha añadido nuevas herramientas a su pilotaje hasta convertirse en uno de los referentes de Moto2. A día de hoy, en el referente.

Además, hay un aspecto que pocas veces se destaca y que también forma parte de la construcción de un gran campeón: su actitud. En una época en la que cada victoria parece necesitar una celebración exagerada o un gesto diseñado para generar impacto en redes sociales, Manu transmite una imagen muy diferente. Tras ganar, besa su moto en vez de golpearla, agradece el trabajo del equipo en vez de gritarle, respeta la herramienta que le permite competir aún a pesar de «fallos» como el que la valió una descalificación en 2025 que le terminó costando el Título. Una actitud impensable en casi cualquier piloto que se nos venga a la cabeza y que muestra una madurez deportiva que no siempre recibe el reconocimiento que merece.

Precisamente por eso, el caso de Manu González está sirviendo para exponer algunas de las contradicciones más evidentes del modelo #RoadtoMotoGP. Un sistema que nació con la promesa de identificar y promocionar a los mejores talentos del mundo, pero que con el paso de los años ha acumulado decisiones difíciles de explicar desde un punto de vista puramente deportivo.

Los ejemplos no son pocos. Remy Gardner llegó a ser campeón del mundo de Moto2 y apenas encontró tiempo y espacio para consolidarse en MotoGP. Raúl Fernández, considerado uno de los mayores talentos de su generación y ganador de carreras al máximo nivel intermedio, parece haber quedado prácticamente defenestrado dentro del ecosistema de la categoría reina. Mientras tanto, observamos cómo determinados pilotos reciben una consideración preferente para ascender incluso cuando sus resultados están lejos de reflejar la regularidad o el dominio que tradicionalmente se exigían para dar ese paso.

Nombres como David Alonso, Dani Holgado, Celestino Vietti, Izan Guevara o Sena Agius son presentados constantemente como futuros pilotos de MotoGP. Todos ellos poseen talento y capacidad para competir al máximo nivel, pero ninguno ha mostrado la consistencia, el control de la presión o la superioridad deportiva que está exhibiendo Manu González. Sin embargo, la conversación pública parece orientarse con frecuencia hacia su promoción, mientras el líder de Moto2 continúa teniendo que justificar cada fin de semana por qué merece una oportunidad que se da por concedida a los que no tienen sus resultados..

Esto plantea una cuestión incómoda. ¿Está llegando realmente a MotoGP la élite del motociclismo mundial? ¿O estamos asistiendo a un proceso donde pesan otros factores distintos al rendimiento deportivo? Porque la categoría reina no sólo debería premiar la velocidad. También debería exigir madurez, capacidad para gestionar la presión, inteligencia táctica y un historial que demuestre que el piloto está preparado para competir con seguridad al más alto nivel.

Durante años se nos ha vendido MotoGP como la competición donde compiten los mejores pilotos del mundo. Sin embargo, el caso de Manu González obliga a cuestionar esa afirmación. Si el piloto más dominante de Moto2 no tiene garantizado su acceso, mientras otros con resultados más discretos parecen tener el camino despejado, repetimos la pregunta inevitable: ¿es realmente MotoGP la reunión de los mejores pilotos del planeta?

Incluso la enorme igualdad que existe actualmente puede interpretarse desde otra perspectiva. Quizá no estemos viendo una concentración histórica de talento equivalente. Quizá parte de esa igualdad provenga de motocicletas extremadamente condicionadas por la electrónica, la aerodinámica y reglamentos que reducen las diferencias individuales. En otras palabras, quizá estamos viendo motos que limitan parte del talento diferencial de los pilotos en lugar de potenciarlo.

Y es aquí donde el caso de Manu González adquiere una dimensión mucho mayor que la de un simple piloto buscando un asiento. Sus resultados están funcionando como una demostración pública de las contradicciones del sistema a tal punto que está obligando a aficionados y periodistas (políticamente correctos para Dorna) a hacerse públicamente preguntas incómodas. Está enseñando y demostrando que el modelo #RoadtoMotoGP no siempre garantiza que lleguen los mejores, o lo que es lo mismo, quizá el campeonato no está ofreciendo a los aficionados, suscriptores y paganinis varios el mejor motociclismo del mundo, sino el motociclismo que más conviene a los intereses del propio sistema, o a los que se les ha pasado por la cabeza sin pensar mucho más allá de la rentabilidad inmediata (interpretación del abajo firmante).

Porque cuando un piloto gana, lidera, evoluciona, madura y supera todas las objeciones que se le planteaban, pero aun así sigue sin tener garantizado su lugar en la categoría reina, el problema deja de ser el piloto. El problema pasa a ser el modelo. Un modelo en el que Manu González estima permanecer en Moto2 como último recurso ante la posibilidad de llegar a MotoGP o ir a una moto ganadora del WorldSBK. El piloto que demuestra todas las carencias y rotos múltiples de este sistema no quiere permanecer en la escalera oficial #RoadtoMotoGP más que como última opción.

¿De verdad nos váis a seguir contando lo grande y magnífico que es este campeonato o cuántos Manu González tienen que llegar, tienen que demostrar y enseñar pública y notoriamente que en MotoGP no está lo mejor?. Porque es lo que está pasando, la prensa que nunca crítica nada lo está señalando y MGPSEG ve que, aunque se vista de seda, el sistema que llevan perpetrando desde hace años, desde que limitaron la edad de participación en 125 (hace ya más de 20 años), muestra al público sus carencias por mucho que s empeñen en señalar la seda del vestido qué sólo unos pocos pueden vestir.