Los Ezpeleta mandan, los pilotos al hospital. Y a callar.

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Es como lo de los deditos que nos contaban cuando éramos niños y probablemente, los que tengáis descendencia, hayáis hecho con los vuestros: este lo cazó, este lo cocinó y este se comió. La gestión de la seguridad de MotoGP, la gestión de MotoGP, es algo que se está desbordando por días y no porque haya un trabajo de investigación por parte de prensa, denuncias de pilotos o comunicados de managers, es que los que pagamos por ver este deporte, no somos tontos y todavía sabemos mirar y discriminar qué es lo que vemos y qué significa. El desastre es tal que todo lo malo que pudiera ocurrir está ocurriendo y es incontenible. Luego ya el establishment maldito se ocupa de silenciar y adormecer lo que vemos con métodos cada vez más burdos, más infantiles y, esto también cuenta, menos hermético a la hora de contener los destellos que nos dan la razón, que nos confirman que todavía sabemos lo que vemos y que aunque nos digan que no, la bofetada que nos hemos llevado nos ha dolido e importa.

Resumiendo, Carmelo Ezpeleta vende y cobra a los circuitos, Tomé Ezpeleta dice que los circuitos a los que su tío cobra son seguros y Carlos Ezpeleta adapta el reglamento y burocracia para que parezca que todo tiene un sentido y es fantástico y nunca, repito nunca, escuchando a los pilotos y sus inquietudes. Porque en el apellido va la máxima que la asociación de pilotos soy yo, tomando el ejemplo de Luis XIV y su absolutismo por deseo divino.

¿Nepotismo por encima de capacidades? ¡Nah!

Saldrán y vendrán artículos y comentarios en reels, en televisiones oficiales, medios semi oficiales y lo que es peor, medios que por simpatía imitan y hacen suyos estos comentarios sobre lo idóneo y gran capacidad de este equipo, equipo que se salda, sólo en Assen, durante el pasado Gran Premio de Holanda, y sólo en MotoGP, con un piloto con una vértebra rota (Fermín Aldeguer), con un piloto hipermagullado y abrasado (Alex Márquez) y con un piloto sin conocimiento en la grava y evacuado en ambulancia porque no se atrevían a moverlo (Marco Bezzecchi), y estos tres casos, consecuencias provocadas por un escalón en la grava que, tras el Gran Premio, Marc Márquez denunció haber denunciado hace un año, el destello que nos hace preguntarnos si alguien escucha a los pilotos, si lo que se comenta en comisión de seguridad vale para algo, señores Tomé Ezpeleta, Carlos Ezpeleta y Carmelo Espeleta.

Con Johann Zarco fuera tras Montmeló, accidente agravado por la gran velocidad con la que se llega a la curva 1 de Montmeló y a lo que los pilotos habían pedido retrasar la salida con el consiguiente caso omiso de los responsables de seguridad, con Marc Márquez aún tocado por la caída de Lombok por una escapatoria diseñada para disimular cumplir con el reglamento con el consiguiente caso omiso de los responsables de seguridad, con un Alex Márquez renqueante de haberse comido la enésima KTM paradónse en plena pista, con el consiguiente caso omiso de los responsables de seguridad «ya para después de vacaciones si eso», con un circuito sin homologación para MotoGP como Balantonring en el calendario (certificado por Tomé Ezpeleta) salimos de un circuito en el que los responsables de seguridad hacen caso omiso a los pilotos sobre sus peticiones de las escapatorias dando gracias a que Marco Bezzecchi y Fermín Aldeguer vuelven andando a casa.

Y seguimos haciendo caso omiso, seguimos obviando los temas, seguimos poniendo parches como el de quitar el holeshot delantero y la distancia entre pilotos en la parrilla, pero lo que piden los pilotos no se les hace ni puto caso y los que toman decisiones sobre esto tienen el mismo apellido, cobran por un trabajo que no están haciendo jugando con la vida y salud de terceros en el círculo descrito al principio, el patriarca vende y cobra, el sobrino dice que es seguro para otros, el hijo y primo marea la perdiz con medidas que nadie quiere ni pide.

Todo esto aderezado con la sensación de que Liberty Media aún no se entera que este deporte no es automovilismo, que no es algo en lo que la seguridad depende del cockpit del coche, que no hablamos de latigazos cervicales, hablamos de vértebras rotas, de piernas muy rotas, de piel arrancada por abrasión. La disparidad de criterio al que ha llegado MGPSEG entre las necesidades que reconocen los Ezpeleta y lo que piden los pilotos (y todos vemos por TV y RRSS) es el ejemplo perfecto de degradación y despotismo ilustrado, desprecio absoluto a las necesidades de la gente en la que basas tu negocio e insulto constante a la inteligencia de los que pagan por ver este negocio.

¿Cuántos pilotos más han de matarse, de quedarse en silla de ruedas, para aceptar que las medidas de seguridad que se están tomando no son suficientes, son reconocidas y son aplicables aunque cuesten pasta?

La respuesta es clara: les da igual, el sistemático caso omiso a las peticiones de los pilotos por parte de los Ezpeleta y quién más corresponda en MGPSEG así lo certifica.