Massimo Rivola, Jorge Martín y el relato que nadie quiere discutir

El Gran Premio de Hungría de MotoGP 2026 disputado en el circuito de Karts de Balaton Park dejó una imagen deportiva evidente y otra que también resulta bastante interesante. La primera fue el accidente provocado por Jorge Martín en la salida, una acción que condicionó la carrera desde la primera curva y que acabó afectando a varios pilotos. La segunda, mucho más reveladora, fue la batalla por construir el relato de lo ocurrido. Una batalla que no creo sincronizada, sólo fruto del trato excesivamente gentil a los pilotos españoles con renombre y grandes club de fans.
Porque una vez disipado el humo de la caída, lo realmente llamativo (para el abajo firmante) no fueron las explicaciones de los pilotos. Fue la reacción de una parte de la prensa especializada.
Interpretaciones de los pilotos ha habido para todos los gustos. Jack Miller apuntaba al los malditos y ya en entredicho dispositivos de altura,. Fabio Di Giannantonio se mostraba mucho más contundente en sus valoraciones, señalando claramente a Martín sin nombrarlo. Pecco Bagnaia, por su parte, optaba por una lectura más comprensiva hacia Martín. Nada extraño. Los pilotos observan los incidentes desde perspectivas diferentes y suelen entender mejor que nadie que un error puede tanto cometerlo como preveerlo cualquiera.
Y aqui precisamente os propongo el ejercicio que muchos han evitado hacer. Un ejercicio muy sencillo: cambiar el nombre del protagonista. ¿Qué estaríamos leyendo hoy si la misma maniobra la hubiera protagonizado Johann Zarco? ¿Qué titulares habrían aparecido si quien se lleva por delante a varios pilotos en la primera curva hubiera sido Marco Bezzecchi? ¿Y qué habría ocurrido si el responsable hubiese sido Raúl Fernández? ¿O Toprak?
La respuesta probablemente es la que ahora mismo estás pensando.
Y aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto puede mantenerse una verdadera independencia cuando gran parte de la información, de las entrevistas exclusivas y del acceso al paddock depende precisamente de conservar determinadas relaciones personales?
No es un fenómeno exclusivo de MotoGP. Ocurre en prácticamente todos los deportes. Pero en el paddock, donde conviven periodistas, representantes, expilotos, comentaristas y colaboradores con intereses cruzados, la frontera entre análisis y protección del entorno a veces resulta demasiado difusa.
Cualquieta de los pilotos nombrados cargan con una etiqueta que reaparece cada vez que se produce un incidente: piloto agresivo, excesivamente impulsivo, demasiado optimista en sus adelantamientos. Una reputación que, justa o injustamente, condiciona la forma en que se juzgan sus acciones.
Resulta difícil creer que una salida como la de Balaton Park habrían recibido exactamente el mismo tratamiento mediático si el nombre en cuestión hubiera sido el suyo. Seguramente habríamos escuchado hablar de reincidencia. De falta de control. De exceso de agresividad. De errores que se repiten. Probablemente incluso se habría abierto un debate sobre la necesidad de sanciones ejemplares.
Sin embargo, cuando el protagonista pertenece al reducido grupo de pilotos con mayor peso mediático, el análisis parece desplazarse inmediatamente hacia las circunstancias atenuantes. Que si el dispositivo. Que si la reacción en cadena. Que si los accidentes de carrera son parte de las carreras. Todo cierto independientemente del nombre que figure en el carenado de la moto.
En este caso además, no sólo se evita señalar el grave error de Martín, sino que se desvía la atención a otro nombre, y es que resulta especialmente curioso el tratamiento recibido por Massimo Rivola.
Porque si alguien ha protegido a Jorge Martín durante los últimos meses, ese ha sido precisamente el director ejecutivo de Aprilia Racing. Lo hizo durante la tormenta contractual que sacudió la relación entre piloto y fábrica. Lo hizo cuando buena parte del entorno cuestionaba la continuidad del madrileño. Y lo hizo también en Montmeló, cuando Raúl Fernández se llevó por delante a Martín y Rivola fue uno de los primeros en salir públicamente a defender a su piloto y pedir explicaciones a Brivio.
Nadie puede presentar seriamente a Rivola como un enemigo de Jorge Martín.
Precisamente por eso sus palabras tras Hungría deberían invitar a una reflexión más profunda. Si una persona que ha respaldado al piloto prácticamente en cada conflicto reciente considera necesario asumir la responsabilidad de lo sucedido y marcar una posición clara, quizá el debate no debería centrarse en desacreditar a Rivola, sino en entender por qué ha decidido hacerlo.
Durante la retransmisión hubo una imagen especialmente llamativa. Rivola apareció hablando por teléfono cuando apenas transcurrían las primeras vueltas de carrera (qué momento para pedir pizza, ¿verdad? ¿con quién estaría hablando Rivola justo después de la tormenta?) Naturalmente, nadie sabe qué conversación mantenía ni con quién. Afirmar lo contrario sería inventar. Pero sí es legítimo preguntarse si en aquel momento estaba actuando únicamente como portavoz de sí mismo o trasladando una posición compartida por la dirección de Aprilia.
En este contexto también debe interpretarse la petición de limitar o controlar determinadas declaraciones de los pilotos inmediatamente después del incidente. Algunos lo verán como un intento de controlar el relato. Otros, probablemente, como una medida razonable para evitar declaraciones en caliente: no hace falta irse demasiado lejos para encontrar precedentes, basta recordar Barcelona y aquella famosa frase de Jorge Martín, cuando advirtió que «todo vuelve». Una declaración impulsiva que seguramente nadie en Aprilia habría querido escuchar en un momento de máxima tensión.
Por eso reducir todo este asunto a una supuesta ofensiva de Rivola contra Martín parece una simplificación interesada.
Asumir que el error fue de Martín no significa posicionarse contra Martín. De la misma manera que reconocer la responsabilidad de un piloto en una acción concreta no invalida todo lo que ha hecho anteriormente.
Quizá la verdadera historia de Balaton Park no sea la caída de la primera curva. Esa ya la hemos visto todos.
La verdadera historia se olvida si vemos y escuchamos cómo algunos de los mismos analistas que habitualmente reclaman objetividad y espíritu crítico parecen olvidar ambas cualidades cuando el protagonista pertenece al reducido grupo de estrellas protegidas del campeonato.
Porque el periodismo deportivo debería consistir precisamente en eso: analizar los hechos con independencia de quién los protagonice.
Lo contrario no es análisis.
Es gestión de reputaciones.
Y cuando eso ocurre, el problema deja de ser el accidente.
El problema pasa a ser el relato. Hacer de relaciones públicas que decía Orwell.
