El retrato que Jorge Martín deja en Montmeló: mucha ansiedad.

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Hay fines de semana que retratan a un piloto mucho mejor que cualquier estadística. Y el de Jorge Martín en el GP de Catalunya ha sido uno de esos. No por la velocidad, que la tiene de sobra. Tampoco por el talento, que nadie discute. Sino porque Barcelona dejó al descubierto hasta qué punto pesa un Mundial cuando enfrente ya no está Marc Márquez para absorber toda la presión mediática y competitiva.

Porque ciñámonos a los hechos, Martín venía del, probablemente, mejor fin de semana de toda su carrera deportiva aderezado con el aura de un nuevo «comeback» y ganándose todo el favor de afición, prensa y rivales. Toda una declaración de potencial que, automáticamente se convierte en declaración de intenciones, que levantó las cejas y el respeto de cualquier, digo cualquier, rival que pudiera tener en pista. Máxime en una comunión que rozó la simbiosis con la Aprilia RS-GP, una comunión que según sus palabras aún tiene margen de mejora y dejando a Martín en una coyuntura única: a un punto del liderato del Mundial, a medio punto del liderato total en Aprilia y con el vigente Campeón no sólo tocado, sino fuera de pista al menos por una cita, un buen momento para sumar otro 37 y marcar distancia con Márquez en la tabla antes de su regreso sobre la Ducati, no sea que vuelva en modo 2025.

Y esto es así: la ausencia del gran depredador obliga a otros a ocupar el trono. Y ahí es donde debería haber aparecido Martín reafirmándose en Montmeló. Pero hete aquí que el  de Montmeló ha sido un fin de semana completamente descontrolado para el madrileño. Cuatro caídas durante entrenamientos y sesiones previas, una sprint fallida, una carrera convertida en un polvorín emocional y una sensación constante de ansiedad.

Y es que amigos, una cosa es correr al límite y otra transmitir ansiedad. Y eso fue exactamente lo que dejó la sensación del domingo. Primero, por el incidente con Raúl Fernández, una acción que terminó con Martín en la grava y completamente fuera de sí. Una acción que tiene tantas lecturas como lectores y en el que las filias y las fobias de cada uno distorsiona la realidad y el criterio aplicable.

Gracias a Nacho González podemos ver capturas cenitales del incidente de Martín y Fernández. Aquí no entraré en si uno se cierra o el otro entra, porque no prentendo convenceros de nada, solo mostrar que, por ejemplo, Pedro Acosta lo tiraron en la última curva en una acción más clara y simplemente sentó cátedra en MotoGP con sus declaraciones y comportamiento tras la carrera, en claro contraste con la reacción de Martín en el box de Aprilia, empujando incluso a Paolo Bonora en plena explosión de frustración.

Las imágenes fueron durísimas. No tanto por el empujón en sí, que Martín terminó lamentando públicamente, sino porque reflejaban a un piloto totalmente sobrepasado por el momento, un momento en el que sí, llevaba la tensión de las dos banderas rojas (como también la tenía el resto de la parrilla) así como el peso de las cuatro caídas y la oportunidad perdida del zarpazo al Mundial que se había dejado, para más INRI; en un feudo Aprilia como es Montmeló.

Aún más, el «todo vuelve» soltado a los micros, esa no tan velada amenaza a un Raúl Fernández que está siendo señalado mediáticamente por un sinfín de comentaristas con intereses en el paddock a los que les encantaría tener huecos en los que colocar a sus pilotos no ya en MotoGP, sino en la Moto2 que quedara libre por el eventual sustituto de Fernández en el TrackHouse, me recuerda a una película que vimos en 2011, el injusto linchamiento público de un piloto que simplemente era más rápido que alguno de los pilotos oficiales de su misma marca. No sé si Martín le esperara en pista para ser justiciero o si hará presión dentro de Aprilia para que se instauren, no ya órdenes de equipo sino de fábrica. Sea lo que fuera lo que le vaya a volver a Fernández, es una tensión impropia de un Campeonato en el que sólo estamos en la sexta carrera de 21.

Tras un fin de semana en el que todo involucrado ha dejado los resultados a un lado (nuevamente, sombrerazo para Acosta), terminar con una amenaza a otro piloto tras cuatro caídas, malos resultados y rematar con una nueva caída en los entrenos del lunes, Martín, lejos de atacar el liderato que se le había puesto en bandeja, ha ofrecido todo un muestrario de su ansiedad y las costuras ocultas de su relación con la Aprilia RS-GP. O lo que es lo mismo, ha mostrado sus debilidades en el peor momento.

En 2024 aguantó carros y carretas, desquició a toda una fábrica y a sus rivales. En 2026 tiene trabajo por delante.