El prisionero

«Lo primero que haremos será matar a todos los abogados”, palabras que puso Shakespeare en los labios de Dick The Butcher (El Carnicero, como el de la indescriptible The Boyz) uno de sus personajes de su obra «Rey Enrique VI«. Parte II, acto IV, segunda escena. Frase lapidaria utilizada hoy día por algunos, como burla y denostación del trabajo de los abogados.
La frase de Shakespeare, sin embargo, ha sido sacada de su contexto y su sentido original traicionado. En realidad esta frase es el mejor homenaje que hizo el gran dramaturgo a los abogados, y es que El Carnicero forma parte de una conspiración dirigida por Jack Cade, un rebelde que desea instalar un gobierno tiránico. “La primera cosa que haremos es matar a todos los abogados…”, le dice El Carnicero a Cade como parte del plan.
Claro que, por muy fuera de contexto que esté, más de uno la habrá pensado dentro del paddock y pedanías adyacentes desde que Jorge Martín decidiera anunciar la ruptura unilateral de su recién estrenado, apenas iniciado, contrato con Aprilia, dejando un reguero de miguitas y de efectos colaterales y tangenciales que nos invita a unir, ahora que todo dios ha opinado, a unir la línea de puntos y hacer nuestra propia ficción, no tan solemne como las del bueno de William, pero ficticia en cualquier caso. Basada en hechos reales a lo sumo:
“El Prisionero”, un sainete de MotoGP.
Hete aquí que a la Catedral llegara Albert Valera para hablar en nombre de Martín proclamando una serie de “excusatios non petitas” junto con la libertad de su representado basándose en la opinión de importantes y afamados abogados, especialistas en defender intereses por interés, que afirman que existe una cláusula que es clara, claro está, en su opinión. Como fuera que fuese, la opinión del abogado que te representa ha de defenderse como la mayor de las verdades, y así se proclamó por los recovecos y micrófonos presentes en Assen invitando a que cualquier interesado, por ejemplo Honda, no sólo a hablar con Martín sino a ficharle porque, en última instancia, “no vendrá un policía judicial de Milán a bajar a Martín de la moto”.
Que estaría bien saber qué motivos puede tener un policía judicial de Milán en evitar que Martin monte una moto que no sea la Aprilia toda vez que, como se proclama, Martin es libre y la claúsula es clara, claro está, en la opinión de sus abogados.
Libre y a la vez prisionero de lo firmado, que nadie sabe lo que es. Porque a la vez de la libertad Valera alardeó de victimismo de sus representados, injustos prisioneros de las situaciones en las que los contratos firmados, suponemos que libremente, les comprometen según los mortales, aprisionan y axfisian según Valera. Todo esto sin que nadie sepa claramente lo escrito y rubricado, probablemente ni tan siquiera lo sepan claramente los abogados que plantean llegar a un juicio “y móntate en la otra moto que la policía no te va a bajar”, frase muy de abogado que “aquí está para defender tus intereses con la estrategia que marquemos”. Luego en el juicio se debatirán cosas como “espíritu de contrato” o “actuar de mala fe”, esas cosas de abogados que logran desvirtuar, o llenar de virtud, la afirmación más sencilla hasta encontrar un juez que te dé la razón, que paga mí representado. Sólo hay que hacerles creer que la contraprestación de un piloto como Martín a la fábrica y vicerversa es igual y simétrica. No lo es, Martín tendrá otra moto y proyecto construido sobre su figura, Aprilia no tendrá otro Martín en el que apoyar su proyecto “del que el piloto es prisionero”
Ah, Schopenhauer y sus métodos demagógicos de debate, aún increíblemente vigentes para muchos.
Hete aquí que de Assen ha nacido otro prisionero, llamado Pedro Acosta, a quien representa el mismo Valera y también proclamó, desde noviembre del año pasado, que había que buscarle un nuevo lugar a Acosta fuera de KTM.
Los sitios buscados, Honda y Ducati. Toda vez que Acosta rechazara la oferta de Honda buscando competitividad de Ducati, puede que a alguien se acordara de una “clara cláusula” que permitiera a Martín aprovechar la oferta menos competitiva que Acosta rechazó.
¿Porque alguien se cree que un piloto se quedaría libre por voluntad propia sin tener otra moto cogida por el puño? Si esto fuera o no mala fe o violar el espíritu del contrato no corresponde a nadie, pues recordemos que esto es un relato de ficción sólo para nuestro divertimento.
A Acosta, aún más prisionero que Martín ya que no dispone de cláusulas mágicas, parece que no ha habido ningún carnicero que le mate a sus abogados, sino una decisión de Red Bull en la que, según se ha dicho recientemente, vincula el patrocinio de equipos a KTM y nadie más. Quién sabe si Monster, cansada de la escasa presencia de Rossi y sus pilotos prefiera poner sus huevos en la moto de Marc, y quizá Acosta tuviera tanto valor para los italianos por su talento como por su patrocinador, competencia directa de Monster. Y quizá si hablaríamos de una operación truncada por el dinero que se perdería por el camino. 2027 no está tan lejos.
Tampoco hubo carnicero que matara los abogados de Martín ni policía judicial que le impida montarse en otra moto. Sólo el Campeonato, en voz de Carmelo Ezpeleta y espíritu Liberty, el que dice que efectivamente Martín es prisionero de lo que firmó libremente. Que el Campeonato se haya alineado con Aprilia, quien probablemente salve la categoría de Moto3 con sus motores no es más que ficción.
En cualquier caso, la revolución Valera ha ido encontrándose con los distintos carniceros que puedan matar a sus abogados, y no son más que el espíritu de los contratos que firmó libremente para competir en Liberty. Prisionero en Liberty. La poesía se vende sola.
Y aquí llegan las moralejas: hay que tener en cuenta que uno es más prisionero de lo que cuenta de lo que firma, pero sobre todo, que gane quien gane el que perderá es el deporte. Hemos perdido la oportunidad de ver completada la mayor venganza por despecho que MotoGP pudiera recordar desde la marcha de Rossi a Yamaha desde Honda. Martín (y abogados) ha renunciado a crear su propio Olimpo intentando triunfar en Aprilia escribiendo un sainete que ocurre en MotoGP.
Fin.
