La sonrisa bajo el casco (esa tremenda gilipollez)

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Si creen ustedes que es un titular incendiario que busca clicks fáciles, ofender gratuitamente o simplemente llamar la atención, olvídense. Dice exactamente lo que quiere y debe decir.

En los últimos años hemos pasado de hablar de la moto, del piloto, de las sensaciones, a muchas pequeñas cosas que suman, a los electroduendes para terminar hablando de que lo que de verdad importa en este deporte es que el piloto vaya sonriendo bajo el casco, que es la gran mentira que se dice cuando el piloto en cuestión, el sonriente, el feliz, sencillamente no consigue los resultados que se esperan de él. Una falacia que denigra el deporte y la competición inherente y que, por desgracia, estamos dando por buena. Quizá porque nos creemos como verdad inamovible todo lo que vemos en una pantalla o, hasta no hace mucho, en un papel, olvidando que lo que aparece en estas pantallas o en aquel papel no obedece a la verdad, sino a las ventas, a las visitas o a la visibilidad. También para los pilotos, que cada vez dan más importancia a sus redes sociales, publicaciones y forma de dejarse ver entre la afición con un montón de actividades que no tienen nada que ver con las carreras o sus resultados: los viajecitos, las fotos con sus parejas, lo simpáticos que son… en fin, lo que sonríen bajo el casco aunque no hayan entrado en los puntos en las últimas tres carreras (por decir una cifra) o hayan perdido el Mundial recientemente por errores propios, lo importante es sonreír antes que demostrar ambición, determinación y focalización.

Y qué lástima que todo se haya desvirtuado tanto desde el interior de este nuestro deporte/pasión. Básicamente porque hasta no hace mucho hemos adorado a los pilotos por participar y ser conscientes de participar en un deporte de riesgo, de gestionar el riesgo de buscar el límite de unas gomas, de tener tanta ambición por ganar que había que superar lesiones de forma imposible, de encontrar la forma por la que una moto «lenta» ganaba a una «rápida», de ir a por todas con neumáticos al borde del desgaste posible a base de ambición traducida en entrenamiento, sufrimiento, dolor, lágrimas, dinero (propio o patrocinado), más entrenamiento y talento desmedido en algunas ocasiones. Pero lo que hoy vende, a falta de carreras, a falta de interés por las carreras, es que un protoinfluencer sonría bajo el casco. Hablar de la sonrisa bajo el casco es despreciar y ridiculizar todo lo que hace que este deporte sea este deporte para justificar en titulares a un tipo que no está cumpliendo con las expectativas, si es que esas expectativas son ganar.

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Cómo recuerdo aquella portada de Solo Moto (podría haber sido cualquier otra revista de la época, pero la foto la tengo de Solo Moto) en la que se mostraba a Rossi sonriendo en su segundo año con la Ducati. Todo esto es muy sencillo y cuestión de matemáticas: ¿cuántos fans de Rossi de la época habrían cambiado esa sonrisa por una única victoria con la Ducati, a ser posible en seco?.

Así que sí, dependiendo del resultado de esta pregunta, hubo un momento en el que el resultado de las carreras dejó de importar o se olvidó para vender (la mentira de una competitividad basada en una sonrisa). Y no, no pongo este ejemplo porque sea Rossi y busque encontrar la sensibilidad de un grupo de fans en concreto, sino porque no está en activo y sirve de ejemplo para la cantidad de sonrisas bajo el casco que nos hemos encontrado esta pretemporada: la de Márquez con la Ducati, la de Rins al probar una moto que lleva sin ser competitiva mucho tiempo y con un compromiso de fábrica por demostrar (o eso dijo al probar la Yamaha) o la de, clama al cielo y al dios de la velocidad, la sonrisa de Toprak al probar la BMW tras vendernos que no quiso ir a MotoGP porque es una moto muy rígida. (Éste último capítulo ha sido la declaración/comunicados/excusas más vergonzosa que recuerdo).

Así que, si valoramos, amamos este deporte y sus héroes es, sencillamente, por lo que sonríen bajo el casco. Porque es lo único que declaran y lo que todos celebramos, así que olvidemos todo el sufrimiento de Marc Márquez desde el 2020, olvidemos todo el hambre y límite de salubridad que llevan los pilotos de Moto3 para mantener el peso (algo que hacen con una sonrisa bajo el casco, por supuesto), olvidemos todas esos momentos en los que un piloto intenta buscar el límite para no caerse a 200 km/h, olvidemos imágenes icónicas de este deporte como la de Stoner vomitando por el esfuerzo, la de Doohan inválido en mitad de pista porque no podía levantarse solo y creámonos, borreguitos de Norit, que Alex Crivillé luchó con el mismo Doohan con una sonrisa bajo el casco y eso es justamente lo que nos importa de aquella hazaña, que Crivi sonreía bajo el casco, u olvidemos aquel Gran Premio de Holanda en el que Lorenzo corrió tras operarse la clavícula el día de antes, una hazaña que incluso MotoGP utilizó para promocionarse sin, oh milagro, nombrar que Lorenzo sonreía bajo el casco.

Porque es lo que hace un piloto cuando quiere ganar, sonreír bajo el casco. ¿Verdad Jorge?.

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