Se llama competir.

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MotoGP Press

No me voy a extender mucho. Sólo diré que tras el Gran Premio de Tailandia, una vez más la falsa obligación de opinar está desviando el análisis y opinión, y con éstos el debate, a un lugar en el que se desvirtúa y se desprecia la competición, el deporte que a tantos nos enamoró. Se nos olvida qué estamos viendo y cómo interpretarlo, se nos olvida lo que esto era hace dos siestas y creamos villanos dónde lo que hay son tipos con una capacidad mental y física (por este orden) muy por encima de lo que la mayoría de los deportes de masas exigen.

Y con las auto obligadas opiniones compartidas lo único que se demuestra es necesidad de estar todo el rato vertiendo contenido al río de las RRSS , además de que como el título de la serie de Luis Enrique, que «no tenéis ni p*** idea» de qué veis, de qué pasa ni de cómo digerirlo. Amén de la continua contradicción.

Llevamos no sé cuánto tiempo adorando y diciendo que Gigi Dall’Igna le ha ganado la partida al resto de fábricas explorando y desarrollando los huecos del reglamento para domar el motor de una moto que no giraba pero que corre como el demonio (y se rompe muy poquito, guiño guiño a Aprilia), ahora bien, cuando es un piloto el que lo hace ya vienen los falsos golpes de pecho y la bandera de la elegancia, de las normas y de cualquier cosa que cubra las filias y fobias del opinador de turno… o de lo que crea que su parroquia espera de él.


Jorge Martín mostró en el #ThaiGP la mala leche y la picardía que o bien tanto le hemos echado de menos o bien no hemos sabido ver. Una maniobra lejos de resiliencia y el conformismo mostrados por el equipo en ciertos momentos, aceptando incluso lo inaceptable o sencillamente dando por bueno lo que no estaba tan claro que fuera bueno ni correcto (como el hachazo de Bastianini en Misano, del que el piloto sí protestó ante la pasividad de su propio equipo) y decidió echarse al monte, dejando lo de la exquisitez para los que prefieren ser recordados por exquisitos antes que por campeones.

¿Qué el adelantamiento de Martín a Pecco Bagnaia en la Sprint de Tahilandia no es elegante? Es que no se trataba de ser elegante, se trataba de demostrarle a Bagnaia que la lucha por el título se va a llevar un poquito más allá del nivel que ya tiene, se va a llevar al límite de la pillería y el reglamento, se va a llevar hasta donde se pueda. Si no se entiende que esto es competir, existen otros muchos deportes de caballeros en los que volcar las opiniones.  El reglamento es el que es, si la sanción no llega hasta pisar dos o tres veces la zona verde, hay que saber interpretar que puedes pisarlo dos veces, y si encima vas tan sobrado para aprovecharlo y adelantar a tu rival, simplemente estás jugando como lo hicieran Ángel Nieto, Valentino Rossi o Marc Márquez tantas y tantas veces. Adorar a éstos y poner en duda la acción de Martín es, simplemente, no tener ni puta idea de lo que se habla, de este deporte y de su faceta mental y sicológica. Y bien que lo pilló Bagnaia según vimos el domingo.

Que por cierto, ¿nunca habéis pensado en poneros detrás de un coche a 80 por hora a la distancia que se ponen los pilotos de cualquier categoría o campeonato?. Esa es la fortaleza mental, si a alguien le sobra fortaleza para calcular y hacer un adelantamiento como el de Martín a Bagnaia, aprovechando los huecos del reglamento a los Dall’Igna, pues habrá que reconocerle su competitividad antes que su falta de elegancia.

Es algo tan absurdo como pretender que un piloto ganador que no consigue los resultados esperados se enfade y se cabree como hizo Marc Márquez en la carrera larga. Si no sabemos ver la competitividad en estos enfados empecemos a tachar de la lista a casi todos los Campeones del Mundo que conocemos. Salvo casos como el de Joan Mir en 2020, en el que se vio en la lucha por el Título terminando carreras, no recuerdo ni un piloto ganador que no se haya enrabietado encima de la moto o bajo ella por un mal resultado. Pero en este caso, en el de Marc, sancionable. La maniobra con Mir me recordó a su remontada en Argentina, que en esta web describimos como «ir apartando la gente a ostias», por muy fruto de la decepción, del cabreo o de la competitividad del piloto que sea.

En esa línea, alguien debería haberle dado un buen toque a Fermín Aldeguer. Ya el toque con Canet en Australia era del tipo guarro, muy de minimoto y pachangueo entre amigos, pero en un sitio dónde nunca podría haber terminado el adelantamiento sin echar a empujones a Canet. Y llegó a Tailandia con la misma actitud. No se ha ido con sanción, pero sí con una lesión que podría comprometer su debut con la Ducati en Valencia. A ver si alguien le enseña la diferencia entre competir y apartar la gente a ostias mientras tanto. Por su propio bien (como ya sufre ahora) y el de otros.